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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
El alza del petróleo presiona a Centroamérica, pero sus efectos sobre los combustibles, los consumidores y las finanzas públicas varían según cada país.
Claves de la nota
- El Brent subió un 31%, de 72.48 dólares a 94.65 dólares por barril, entre febrero y septiembre.
- Casi el 80% de los hidrocarburos importados por Centroamérica en 2020 procedían de puertos estadounidenses.
- La CEPAL calcula un deterioro de 0.9 puntos porcentuales del PIB en la balanza comercial regional con petróleo 25% más caro.
Aumento de los precios del petróleo en Centroamérica
El precio del Brent experimentó un aumento del 31% entre febrero y septiembre, pasando de 72.48 dólares a 94.65 dólares por barril. Esta escalada anticipa una presión significativa sobre las economías centroamericanas, aunque la magnitud y la forma en que cada nación absorberá este impacto serán diferentes debido a sus particularidades económicas y energéticas.
Un día antes del inicio de la guerra con Irán, el 27 de febrero, el Brent cerró en 72.48 dólares por barril. El 1 de septiembre, alcanzó los 94.65 dólares, lo que representa un aumento del 31%.
Esta cifra anticipa una presión considerable sobre Centroamérica, pero no determina cuánto pagará cada país ni por qué las consecuencias serán diferentes.
Las economías centroamericanas no constituyen un solo mercado homogéneo. Sus matrices energéticas, las reglas de precios y las capacidades fiscales varían, a pesar de que todas dependen, en mayor o menor medida, de combustibles importados para el transporte.
El choque es global, pero cada país lo transforma y distribuye de una manera particular.
Factores que influyen en el precio final de los combustibles
El precio final de los combustibles en Centroamérica está determinado por la refinación, el transporte, los impuestos y los subsidios. La región depende del Golfo de México estadounidense, de donde en 2020 provenían casi el 80% de sus hidrocarburos, haciendo que las condiciones de esa zona influyan directamente en los precios locales.
El crudo es la materia prima principal de la gasolina y el diésel, por lo que sus precios tienden a moverse en la misma dirección. Antes de que el combustible llegue a la estación de servicio, el petróleo debe ser refinado, transportado y almacenado.
En el precio final también intervienen el tipo de cambio, los impuestos aplicados y los subsidios gubernamentales.
En 2020, la CEPAL registró que casi cuatro quintas partes de los hidrocarburos importados por Centroamérica procedían de puertos estadounidenses del Golfo de México. Las condiciones de las refinerías y los inventarios en esa zona, por lo tanto, influyen directamente en el precio que llega a la región.
La guerra de Estados Unidos con Irán ha restringido no solo el suministro de crudo, sino también la disponibilidad de combustibles ya procesados. La oferta de diésel, en particular, enfrenta las consecuencias de los ataques ucranianos contra refinerías rusas y las restricciones a las exportaciones de ese país.
En Estados Unidos, el margen de refinación del diésel alcanzó un máximo histórico, lo que indica que la escasez se concentra también en la capacidad para producir el combustible, y no únicamente en la disponibilidad de crudo.
Impacto diferenciado en la región centroamericana
Los efectos del alza del petróleo se manifiestan de manera distinta en cada país de la región, con ejemplos en Guatemala, Honduras y Panamá. Las intervenciones gubernamentales, como subsidios, solo posponen el ajuste de precios y trasladan la factura a otras áreas, como el gasto público o menor recaudación, sin resolver el problema de fondo.
Los efectos se observan de distinta forma en la región. En Guatemala, el diésel pasó de 26.74 quetzales por galón a principios de febrero a más de 45 quetzales a finales de agosto.
Honduras, por su parte, absorbe la mitad de los aumentos de la gasolina regular y el diésel, mientras que Panamá subsidia combustible para el transporte público y en septiembre volvió a elevar el precio del diésel.
Ninguna de estas medidas resuelve el problema de fondo. La intervención del gobierno puede retrasar el ajuste, pero solo cambia la fecha y la forma en que se paga: cuando el precio sube en la gasolinera, lo pagan consumidores y empresas; cuando el gobierno lo contiene, se convierte en gasto público o menor recaudación.
Cada intervención acaba con una factura distinta, sin lograr un petróleo más barato.
Consecuencias económicas y la efectividad de los subsidios
El encarecimiento del diésel, vital para carga, agricultura y construcción, impacta producción y alimentos. La CEPAL calcula que, con petróleo 25% más caro en 2026, la balanza comercial de Centroamérica, Haití y República Dominicana se deterioraría en 0.9 puntos porcentuales del PIB, urgiendo a reducir la exposición futura.
El problema tampoco termina en el punto de venta. El diésel mueve la carga, la maquinaria agrícola y la construcción, de modo que su encarecimiento se transmite a la producción y, consecuentemente, a los alimentos.
La CEPAL calcula que, con un petróleo 25% más caro en 2026, la balanza comercial de Centroamérica, Haití y República Dominicana se deterioraría en 0.9 puntos porcentuales del PIB.
Amortiguar el golpe inmediato no debe confundirse con reducir la exposición futura. Un subsidio focalizado puede proteger a hogares vulnerables y actividades esenciales; sin embargo, un subsidio general destina más recursos a quienes más combustible consumen.
Puede esconder durante un tiempo el aumento en el letrero de una gasolinera, pero no borrarlo de la balanza comercial del presupuesto público ni tampoco, al final, del bolsillo de alguien. El autor es académico del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios de EGADE Business School, del Tecnológico de Monterrey.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.



















