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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
El presidente amenaza con suspender el comercio con los países que mantienen superávit frente a Estados Unidos si la Reserva Federal no reduce las tasas.
Claves de la nota
- Estados Unidos sumó 162.000 empleos en agosto frente a un promedio mensual anterior de apenas 31.000.
- La tasa de desempleo se mantuvo en 4,1% de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales.
- La última medición disponible ubicó la inflación anual en 3,4% en julio con una deuda pública superior a los US$40 billones.
La medida difícilmente corregiría el déficit comercial y podría elevar precios, debilitar el consumo y deteriorar la inversión.
Donald Trump encontró una nueva función para la política comercial: presionar a la Reserva Federal.
El presidente de Estados Unidos amenazó con interrumpir el comercio con aquellos países que venden al mercado estadounidense más de lo que compran si la Fed no reduce las tasas de interés.
Presión comercial sobre la Reserva Federal
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con interrumpir el intercambio comercial con aquellos países que venden al mercado estadounidense más de lo que compran si la institución no reduce las tasas de interés, utilizando una estrategia inédita para presionar la política monetaria.
La advertencia, difundida después de un informe de empleo mucho más sólido de lo previsto, une dos instrumentos que responden a problemas diferentes: las tasas regulan la demanda y las condiciones financieras; el comercio determina, entre otras cosas, el acceso de empresas y consumidores a bienes, insumos y mercados. “Bajen la tasa o dejaré de comerciar con los países con los que tenemos déficit”, escribió Trump, quien presentó esa posibilidad como una herramienta incluso “mejor que los aranceles”, informaron este viernes las agencias internacionales.
La frase tiene la potencia política habitual del mandatario.
Como política pública, sin embargo, abre más contradicciones que soluciones.
Si su objetivo es abaratar el crédito, estimular la inversión y mejorar el poder adquisitivo, restringir el comercio podría producir el efecto contrario: aumentar los costos, alterar las cadenas de suministro y obligar a las empresas a postergar inversiones ante un escenario de mayor incertidumbre.
Una amenaza dirigida a la Fed
La declaración de Donald Trump llegó después de que Estados Unidos sumara 162.000 empleos en agosto, frente a un promedio mensual de apenas 31.000 durante los doce meses anteriores.
La tasa de desempleo se mantuvo en 4,1%, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales.
En circunstancias normales, un mercado laboral más fuerte de lo previsto reduce la urgencia de recortar las tasas.
Si la economía continúa generando empleo y la inflación permanece por encima de la meta, la Fed tiene margen para esperar o, si detecta nuevas presiones sobre los precios, incluso endurecer su política.
Eso explica por qué la advertencia comercial está dirigida menos a los socios de Estados Unidos que al presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, y al resto de los integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto.
Trump sostiene que Estados Unidos, por su fortaleza crediticia, debería tener una de las tasas de interés más bajas del mundo.
Pero la política monetaria no establece el costo del dinero como un premio a la solvencia de un país.
La tasa debe responder a la inflación, el empleo y las expectativas sobre el comportamiento futuro de ambas variables.
En su reunión de julio, la Fed mantuvo su tasa de referencia en un rango de entre 3,50% y 3,75%.
La decisión no fue especialmente moderada: tres miembros del comité preferían elevarla en un cuarto de punto.
El banco central reconoció que la actividad económica seguía expandiéndose a un ritmo sólido y que la inversión y la productividad mostraban fortaleza.
Sin embargo, también advirtió que la inflación permanecía por encima de su objetivo del 2%, en parte debido a perturbaciones de oferta que habían elevado los precios energéticos.
La declaración de la Fed concluyó con un compromiso explícito de restablecer la estabilidad de precios.
La última medición disponible ubicó la inflación anual en 3,4% en julio.
Aunque la inflación subyacente se moderó a 2,5%, el índice de energía acumulaba un aumento de 14,7% y la gasolina, uno de 24,6%, según los datos oficiales.
Trump no amenaza con restringir el comercio porque la inflación esté bajo control.
Lo hace precisamente cuando la persistencia de algunos aumentos de precios dificulta que la Fed reduzca las tasas a la velocidad que la Casa Blanca desea. ¿Qué busca realmente Trump? La ofensiva persigue al menos cuatro objetivos.
El primero es reducir el costo del financiamiento para hogares y empresas.
Tasas más bajas aliviarían las hipotecas, el crédito corporativo, las tarjetas y el financiamiento de inversiones.
El segundo es reducir la carga financiera del Gobierno federal.
Con una deuda pública superior a los US$40 billones, cada refinanciamiento a tasas elevadas presiona el presupuesto y restringe el espacio fiscal.
El tercero es debilitar al dólar.
Una moneda menos apreciada puede abaratar las exportaciones estadounidenses y encarecer las importaciones, contribuyendo potencialmente a reducir el déficit comercial.
El cuarto es político: responsabilizar a la Fed y a los socios comerciales de las dificultades que todavía perciben los consumidores, especialmente en vivienda, crédito y costo de vida.
La amenaza también permite a Trump recuperar iniciativa después de que la Corte Suprema limitara el principal instrumento de su ofensiva comercial.
En febrero, el tribunal resolvió que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional no autoriza al presidente a imponer aranceles.
La sentencia de la Corte Suprema recordó que la facultad constitucional para establecer impuestos y aranceles corresponde al Congreso y que el Ejecutivo no posee una autoridad inherente e ilimitada para hacerlo durante tiempos de paz.
El fallo, no obstante, reconoció que la legislación de emergencia permite al presidente bloquear o prohibir determinadas importaciones y exportaciones cuando existe una amenaza extraordinaria.
Trump intenta apoyarse ahora en esa distinción para argumentar que, si no puede gravar indiscriminadamente el comercio, podría restringirlo.
Pasar de esa interpretación a detener el intercambio con decenas de países sería otra cosa.
Una prohibición de semejante alcance enfrentaría impugnaciones legales, resistencia empresarial y un costo económico difícil de administrar.
El déficit comercial no es una factura impaga La premisa de Trump es que un país que mantiene un superávit comercial frente a Estados Unidos está obteniendo una ventaja a expensas de





















