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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
La movilidad eléctrica en Centroamérica
La movilidad eléctrica ya no es un experimento ni un lujo: Centroamérica puede convertirla en una oportunidad de ahorro, competitividad y soberanía energética. En el 2022 un grupo de entusiastas recorrimos Centroamérica en nuestros vehículos 100% eléctricos, desde Panamá hasta Guatemala. Más que un viaje, esa aventura fue una radiografía de una región que ya sentía como el transporte estaba cambiando.
Claves de la nota
- Un vehículo eléctrico puede generar un ahorro familiar de al menos 2,000 dólares al año.
- En Costa Rica los vehículos eléctricos alcanzaron una participación del 20 por ciento en 2026.
- Los autobuses eléctricos permiten un ahorro anual estimado en 26,000 dólares por unidad.
Entonces descubrimos que el principal desafío no era la tecnología: era y sigue siendo el conocimiento.
Lamentablemente muchos mitos aún viajan más rápido que la información correcta.
Sin embargo, cada conversación y cada espacio con las personas que conocíamos en el camino iban cambiando la desinformación por conocimiento y entusiasmo, pues cuando las personas conducen un vehículo eléctrico y hacen cuentas, la conclusión es la misma: no es un lujo ni un experimento, el vehículo eléctrico es una decisión económica inteligente.
Lo que hace años comenzó como una visión impulsada por objetivos ambientales, hoy se ha convertido en una historia real de competitividad, ahorros y seguridad energética.
Ahorros e independencia energética
Los datos confirman nuestra experiencia. Según la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía, un vehículo eléctrico puede ahorrarle al menos 2,000 dólares al año a una familia, mientras que un autobús eléctrico ahorra alrededor de 26,000 anuales. Eso es dinero que deja de evaporarse, como sí lo hacen literalmente la gasolina y el diésel.
Desafíos para el futuro del transporte
La independencia energética de Centroamérica no llegará buscando un petróleo más barato. Llegará dándole luz verde a las energías renovables, al transporte eléctrico y aprovechando la enorme riqueza de recursos que distingue a la región. Cuatro años han pasado ya desde nuestro recorrido, Centroamérica sigue inmersa en una batalla de relatos sobre cómo debería ser el futuro del transporte.
Vehículos contaminantes disfrazados de eléctricos, transiciones eternas hacia la sostenibilidad y la falsa promesa de “muchos caminos” para la descarbonización, retrasan la adopción del transporte cero emisiones.
Prolongar el cambio tiene un costo económico y energético que la región no puede seguir asumiendo.
Adaptarnos a los cambios en la movilidad, así como elevar los estándares de eficiencia energética vehicular, es el camino correcto para la competitividad centroamericana.
El costo de hacerlo puede parecer alto; peor es el de no hacer nada.
Paralizarnos trae consigo el riesgo de convertirnos en el destino de tecnologías automotrices que los mercados más desarrollados ya no aceptan: no podemos permitir que Centroamérica se convierta en el basurero tecnológico de la industria automotriz mundial.
Sustituir petróleo por electricidad limpia es posible.
Este 2026, en Costa Rica, los vehículos 100% eléctricos cuentan con una participación en el mercado del 20%, señal de que la movilidad eléctrica ya gusta y funciona.
Centroamérica necesita facilitar el acceso de los vehículos cero emisiones a más personas, familias y empresas.
Debemos invertir en corredores de recarga interoperables, estándares comunes, mayor integración energética y políticas públicas que comprendan a la movilidad eléctrica como una política industrial, económica y de soberanía energética.





















