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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
El presidente Donald Trump dijo que espera alcanzar un acuerdo sin recurrir al Ejército. La Habana ofreció diálogo y relaciones comerciales con compañías de EE.UU., pero rechazó las condiciones impuestas desde fuera. Un reporte sobre planificación militar y el deterioro de la economía cubana muestran por qué la distensión aún está lejos de asegurarse.
En una misma jornada, Washington y La Habana dejaron abierta la puerta al diálogo mientras la posibilidad de una acción militar volvía a ocupar los titulares.
Donald Trumpafirmó este sábado 26 de septiembre que cree posible un acuerdo con Cuba y que no considera necesario emplear al Ejército.
Horas después, elcanciller cubano, Bruno Rodríguez, dijo ante la Asamblea General de la ONU que su país está dispuesto a dialogar con Estados Unidos y a mantener relaciones comerciales con sus compañías.
Ninguna de las dos declaraciones permite concluir, por ahora, que exista un pacto próximo.
La pregunta es qué clase de acuerdo busca cada gobierno. Trump habló desde la Casa Blanca después de queCBS Newsinformara sobre nuevos preparativos militares estadounidenses.Dijo que quiere ayudar a Cuba y abrir el país, y vinculó esa posibilidad con los cubanoestadounidenses que desean regresar a la isla.
No precisó los términos de una eventual negociación ni anunció cambios en la política de presión de Washington.
Rodríguez formuló una oferta económica explícita ante la ONU:Cuba está abierta a hacer negocios con empresas estadounidenses, como con las de otros países.También reiteró la disposición de La Habana a resolver sus diferencias con Washington mediante el diálogo.
Pero fijó un límite: ese proceso, sostuvo, debe respetar la soberanía cubana y desarrollarse sin injerencias ni condiciones previas. Al mismo tiempo, defendió las reformas económicas adoptadas por su gobierno como una vía para sostener el modelo socialista.
Ahí aparece la distancia política.Laoferta cubanaapunta a abrir canales comerciales y diplomáticos sin aceptar que Estados Unidos determine su organización interna.Washington, en cambio, ha intensificado la presión económica para obtener cambios políticos y económicos en la isla. Que ambos gobiernos mencionen un posible diálogo es una señal relevante; ahora bien, qué estarían dispuestos a conceder sigue sin estar claro.
Qué revela el reporte militar
Según una investigación deCBS News, la Reserva del Ejército estadounidense consultó la posible disponibilidad, dentro de 90 a 120 días, de unidades de apoyo para el Comando Sur. Entre ellas figuran equipos médicos, policía militar, ingenieros y apoyo logístico.
Funcionarios estadounidenses citados de forma anónima por la cadena relacionaron esa planificación con Cuba.
El alcance del documento exige precisión: no menciona a Cuba, no identifica una operación concreta ni contiene órdenes de despliegue. Examinar recursos para una eventual contingencia tampoco equivale a decidir una intervención.
El reporte muestra que la opción militar forma parte de la planificación estadounidense; no demuestra que Trump haya ordenado ejecutarla. Su declaración de este sábado apunta, al menos públicamente, a privilegiar un acuerdo.
La Habana, sin embargo, no descarta el riesgo. Rodríguez advirtió en la ONU que Cuba se defendería ante una intervención y acusó a Washington de mantener una política de presión económica.
Así, la posibilidad de negociar convive con un discurso de confrontación que ninguno de los dos gobiernos ha dejado atrás.
Una economía con poco margen
La urgencia cubana también es económica. ElCentro de Estudios de la Economía Cubana, adscrito a laUniversidad de La Habana, estima que el PIB se contrajo alrededor de 5% en 2025, el tercer año consecutivo de caída.
Según sus cálculos, la economía perdió más del 15% de su tamaño entre 2020 y 2025. El informe señala la crisis energética, la reducción de ingresos externos y del turismo, pero también reformas productivas internas pendientes.
La presión petrolera estadounidense ha agravado un problema eléctrico que ya afectaba a la isla. Ese deterioro ayuda a explicar por qué La Habana subraya ahora su disposición a comerciar con compañías estadounidenses.
La declaración no elimina por sí sola las restricciones que dificultan los negocios entre ambos países ni resuelve las diferencias sobre el rumbo político de Cuba. Tampoco la expectativa expresada por Trump suspende las medidas de presión vigentes.
Por ahora, la señal más prudente es que Washington mantiene abiertas varias opciones y que La Habana busca un espacio de negociación sin ceder en soberanía.
El próximo indicio decisivo será concreto: si las conversaciones reconocidas por ambas partes producen condiciones acordadas, alivio de las restricciones o un mecanismo verificable para ampliar los intercambios. Hasta entonces, el acuerdo sigue siendo una posibilidad política, no un desenlace anunciado.





















