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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
La revolución oculta del IoT en las aulas
El mercado de tecnología educativa en América Latina alcanzó 11.432,2 millones de dólares en 2025 y las proyecciones apuntan a que llegará a 33.940 millones de dólares en 2034, con un crecimiento anual compuesto de 12,47% entre 2026 y 2034. Por: Aideé Alejandra Olvera, Distributor Manager LATAM en Axis Communications / Ciudad de México.- Hablar de tecnología en la educación suele llevarnos de inmediato a computadores, plataformas virtuales, inteligencia artificial o herramientas para mejorar el aprendizaje.
Claves de la nota
- El mercado de tecnología educativa en América Latina alcanzó 11.432,2 millones de dólares en 2025.
- Las proyecciones apuntan a que el sector llegará a 33.940 millones de dólares en 2034.
- El crecimiento anual compuesto será de 12,47% entre el periodo de 2026 y 2034.
Sin embargo, existe una revolución mucho menos visible que ya está ocurriendo dentro de colegios y universidades: el Internet de las Cosas (IoT).
Cámaras, controles de acceso, sensores y otros dispositivos conectados forman parte de la infraestructura cotidiana de muchas instituciones, pero buena parte de su potencial continúa sin ser aprovechado.
Y aquí aparece una pregunta que debería estar sobre la mesa de rectores, administradores y responsables de tecnología: ¿estamos comprando tecnología para resolver problemas puntuales o estamos construyendo campus realmente inteligentes? La diferencia puede representar mucho más que una actualización tecnológica; puede cambiar la manera en que se administran los espacios educativos.
El contexto económico también obliga a mirar este asunto con otros ojos.
Son cifras que muestran que la transformación digital de la educación dejó de ser una conversación de futuro.
Pero crecer en tecnología no necesariamente significa utilizarla bien.
En instituciones donde los presupuestos son limitados, cada inversión debe demostrar su verdadero valor.
Por eso, más que preguntarse qué dispositivo nuevo comprar, la discusión debería comenzar por algo más sencillo: qué tenemos hoy, qué información estamos generando y cómo podemos utilizarla para tomar mejores decisiones.
Estrategias de IoT y seguridad en los campus
La seguridad seguirá siendo una prioridad en los campus educativos, donde las cámaras y controles de acceso aportan valiosa información sobre ocupación y circulación de personas para optimizar la administración de los espacios.
La seguridad seguirá siendo una prioridad, y no podría ser de otra manera.
La videovigilancia y los sistemas de control de acceso cumplen una función esencial para proteger a estudiantes, docentes, trabajadores y visitantes.
El problema aparece cuando una institución mira esas herramientas únicamente desde esa perspectiva.
Una cámara instalada para seguridad también puede aportar información sobre ocupación, circulación de personas y puntos de congestión; un sistema de acceso puede revelar cuándo determinados edificios están realmente utilizados.
En otras palabras, detrás de una inversión que inicialmente nació para proteger hay una cantidad de datos que puede ayudar a administrar mejor un campus.
El reto no consiste necesariamente en instalar más equipos, sino en aprender a interpretar lo que ya está ocurriendo frente a ellos.
Este cambio de mirada puede tener efectos concretos en los costos y en la operación diaria.
Un edificio utilizado parcialmente durante determinadas épocas del año no necesariamente necesita funcionar bajo las mismas condiciones que uno con alta ocupación.
La información sobre utilización de aulas y espacios puede contribuir a tomar decisiones relacionadas con energía, mantenimiento, seguridad y programación.
También puede ser útil durante eventos masivos, cuando conocer cómo se mueve la gente permite identificar zonas congestionadas y facilitar una circulación más ordenada.
Experiencias como la de UCLA, donde se utilizaron sensores para conocer el comportamiento de diferentes espacios del campus durante periodos de menor actividad presencial, muestran que los datos pueden convertirse en una herramienta para revisar gastos y mejorar la administración.
Los retos del despliegue tecnológico y el conocimiento
El despliegue tecnológico en los centros educativos enfrenta barreras organizacionales, requiriendo que departamentos aislados integren sus capacidades para convertir los datos existentes en información verdaderamente útil.
Sin embargo, hay una barrera que no se resuelve comprando tecnología: el desconocimiento.
Muchas instituciones educativas todavía trabajan con departamentos que funcionan como islas.
Seguridad piensa en seguridad; tecnología piensa en infraestructura; mantenimiento piensa en edificios y administración piensa en presupuesto.
Todos tienen razones para hacerlo, pero cuando esas conversaciones no se cruzan, una misma herramienta termina resolviendo un solo problema cuando podría atender varios.
Incluso puede ocurrir algo paradójico: una institución cuenta con cámaras, controles de acceso y sistemas conectados, pero desconoce buena parte de las capacidades que ya tiene disponibles.
El problema, entonces, no siempre está en la ausencia de tecnología, sino en la falta de conocimiento para convertirla en información útil.
Por eso, el siguiente paso de la transformación digital educativa debería ser menos espectacular y mucho más estratégico.
Antes de reemplazar una infraestructura completa, colegios y universidades deberían hacer un inventario de sus capacidades, revisar qué datos están generando sus sistemas y establecer qué nuevas funciones pueden incorporarse mediante software, analítica o integraciones.
Este enfoque permite aprovechar inversiones realizadas y evitar, cuando no sea necesario, el modelo de “eliminar y reemplazar”.
También exige una conversación diferente con consultores y proveedores.
Si un proyecto comienza como una iniciativa de seguridad, eso no debería impedir que durante su diseño se identifiquen oportunidades relacionadas con eficiencia energética, gestión de espacios, movilidad interna o experiencia de estudiantes y trabajadores.
La educación necesita tecnología, pero sobre todo necesita aprender a sacarle provecho.
El verdadero campus inteligente no será necesariamente el que tenga más cámaras, sensores o dispositivos conectados, sino aquel que consiga utilizar la información que generan para tomar mejores decisiones.
La oportunidad está sobre la mesa: aprovechar el IoT en educación, combinar inteligencia artificial, analítica de datos, seguridad y gestión de espacios, y convertir la infraestructura existente en una herramienta para mejorar la operación de las instituciones.
El desafío pasa por cerrar esa brecha de conocimiento y conseguir que tecnología, seguridad, administración, docentes y proveedores hablen el mismo idioma.
En tiemp



















