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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
El mercado inmobiliario de México y Centroamérica comienza a abrir espacio a dos estrategias que comparten una misma lógica patrimonial: el Build to Rent (BTR), desarrollar vivienda específicamente para renta, y la reconversión de activos existentes.
Claves de la nota
- En México el 16.4% de las viviendas son rentadas según datos del INEGI
- La Sociedad Hipotecaria Federal ofrece créditos con plazos de hasta 25 años y 80% financiamiento
- El precio promedio de avalúo hipotecario alcanzó 1.96 millones de pesos con tasa de 11.42%
Ambos modelos se alejan del esquema tradicional de construir, vender y recuperar rápidamente el capital. Su apuesta es distinta: adquirir, transformar y operar inmuebles capaces de generar flujo durante muchos años.
Ahí está su principal atractivo, pero también su mayor limitación
Son inversiones que requieren capital, paciencia y una visión de largo plazo. En cierto sentido, representan una versión más profesional e institucional del concepto tradicional de “vivir de las rentas”, pero con estructuras operativas, financieras y patrimoniales mucho más sofisticadas.
Quien compra uno o dos departamentos para rentarlos sabe que el flujo mensual difícilmente representa un rendimiento extraordinario frente al valor total del activo.
Si además se descuentan mantenimiento, periodos de desocupación, administración, impuestos y, en su caso, financiamiento, recuperar el capital únicamente mediante rentas puede tomar 15 o 20 años, e incluso más. Por ello, este modelo suele ser más adecuado para inversionistas conservadores, patrimonios familiares, fondos, desarrolladores o empresas con capital suficiente, distintas fuentes de ingreso y capacidad para mantener activos durante periodos prolongados.
Cuando una empresa posee decenas o cientos de unidades, una rentabilidad individual moderada puede transformarse en un flujo agregado relevante, constante y relativamente estable; para un inversionista cuya expectativa sea colocar capital hoy y obtener una utilidad importante en dos, tres o cinco años, el BTR difícilmente será la primera alternativa, su lógica financiera está más relacionada con la preservación patrimonial, el flujo recurrente, la apreciación del activo y la diversificación.
La reconversión agrega una variable especialmente interesante. Consiste en adquirir edificios de oficinas, hoteles, inmuebles comerciales o propiedades que han perdido competitividad, para transformarlos hacia usos con mayor demanda, entre ellos la vivienda para renta. La rentabilidad proviene de comprar correctamente, transformar con eficiencia, estabilizar la operación y elevar el valor económico del inmueble. En este caso, el horizonte puede variar. Un inversionista puede reconvertir, estabilizar y posteriormente vender el activo, generando una salida más rápida. Sin embargo, cuando decide conservarlo como propiedad destinada al arrendamiento, entra nuevamente en una estrategia patrimonial de largo plazo.
México comienza a generar condiciones para estos modelos. La Sociedad Hipotecaria Federal cuenta con esquemas específicos para inversionistas y desarrolladores destinados a financiar la construcción, remodelación y operación de vivienda para renta, con plazos de hasta 25 años y financiamiento de hasta 80 % del costo del proyecto. La propia duración del crédito revela la naturaleza de este tipo de inversión: activos concebidos para producir durante décadas.
La pregunta, entonces, es inevitable: ¿por qué apostar hoy por un negocio cuyo retorno puede requerir tantos años?
BTR y reconversión: alternativas de inversión que apuestan al largo plazo
La Encuesta Nacional de Vivienda de INEGI mostraba que la proporción de viviendas rentadas en México pasó de 15.2% en 2014 a 16.4% en 2020, equivalente entonces a 5.8 millones de viviendas. Entre quienes rentaban, 51.4% lo hacía por falta de recursos o acceso a crédito para comprar, mientras que 22% señalaba como razón principal la facilidad para cambiar de residencia.
El componente financiero se ha vuelto todavía más relevante. Durante el primer semestre de 2026, el valor de la vivienda adquirida mediante crédito hipotecario aumentó 7.9% anual en México, mientras que la tasa hipotecaria promedio se ubicó en 11.42%. El precio promedio de avalúo alcanzó 1.96 millones de pesos; cuando la vivienda sube de precio y financiar su adquisición sigue siendo costoso, una parte importante de la población posterga la compra y permanece durante más tiempo en el mercado de arrendamiento. A ello se suman cambios culturales y laborales. Las nuevas generaciones muestran mayor movilidad entre ciudades y empleos; el trabajo remoto permite que un segmento pequeño, pero creciente, pueda cambiar de residencia con mayor facilidad; y fenómenos como los llamados nómadas digitales han reforzado la idea de que vivir durante décadas en una misma propiedad ya no es la única aspiración posible.
Existe, además, una variable que el inversionista inmobiliario de largo plazo debería observar con atención: la demografía.
La transición hacia familias más pequeñas y menores tasas de natalidad es una tendencia global que también alcanza a México y Centroamérica. Naciones Unidas proyecta para las próximas décadas una reducción progresiva de las tasas de fecundidad y cambios relevantes en la composición de la población.
Esto no significa que inevitablemente sobrarán viviendas en el futuro. La demanda también depende del tamaño de los hogares, la migración, la urbanización, la ubicación y la calidad del inventario. Pero sí obliga a revisar una premisa que durante décadas pareció incuestionable: que siempre habrá más personas buscando comprar más viviendas. Podríamos encontrarnos con mercados donde exista inventario suficiente, pero una parte importante de la población prefiera, o necesite, rentar por razones económicas, laborales o de movilidad.
Para el BTR, esa transformación puede representar una oportunidad
También para la reconversión. En lugar de continuar construyendo de forma indiscriminada, las ciudades de México y Centroamérica tendrán que preguntarse qué hacer con edificios que pierdan utilidad frente a nuevas formas de trabajar, comprar, viajar o vivir. Un inmueble subutilizado puede convertirse en vivienda, alojamiento temporal, usos mixtos o productos de renta adaptados a una nueva demanda. Esto abre una perspectiva interesante para el capital inmobiliario: crear valor a partir de activos que ya existen.
El riesgo está en asumir que cualquier edificio puede reconvertirse o que cualquier proyecto para renta será rentable. Ubicación, precio de adquisición, costo de adaptación, ocupación, mantenimiento, regulación, financiamiento y renta efectiva siguen siendo variables determinantes para el éxito de la operación.
BTR y reconversión amplían el abanico de posibilidades de inversión en México y Centroamérica, pero deben entenderse correctamente. Su mayor virtud probablemente no sea multiplicar rápidamente el capital. Es otra. Transformar grandes patrimonios inmobiliarios en generadores de flujo durante muchos años.
Para quien busca velocidad, existen otras estrategias. Para quien cuenta con capital suficiente, diversificación y paciencia, estos modelos pueden convertirse en una forma atractiva de preservar patrimonio, generar ingresos recurrentes y posicionarse frente a una sociedad que probablemente será más móvil, con hogares más pequeños y una relación distinta entre comprar y rentar.
El verdadero cambio inmobiliario estará en entender durante cuánto tiempo queremos conservar el activo, qué flujo esperamos que produzca y qué necesidades tendrá la población que la ocupará dentro de diez, veinte o treinta años.
*El autor es director de CIMAC, Cartera Inmobiliaria.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.





















