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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
El verdadero tamaño de la deuda de venezuela
El verdadero tamaño del agujero financiero venezolano empieza a quedar al descubierto sin matices. Mientras Wall Street calculaba el pasivo externo entre los USD 150.000 y 170.000 millones, los datos más recientes revelados por el Financial Times corrigen la cifra al alza y sitúan la factura global en USD 240.000 millones.
Claves de la nota
- El pasivo externo global de Venezuela asciende a 240.000 millones de dólares según Financial Times.
- Los recientes sismos causaron 19.600 millones en daños y 37.000 millones en costos de reconstrucción.
- El Banco Central de Venezuela destinó 6.104 millones de dólares al mercado cambiario recientemente.
De confirmarse el balance, el país caribeño enfrentará el proceso de reestructuración soberana más complejo en la historia de América Latina. La sacudida financiera llega, además, en el peor momento posible: justo cuando la economía debe encajar el impacto del doble terremoto que azotó el norte del país.
Sin embargo, el reto trasciende los balances contables. Para Caracas, la verdadera prueba de fuego no será únicamente renegociar plazos con los tenedores de bonos, sino reconstruir un activo aún más escaso que los dólares: la credibilidad institucional.
Cómo se deterioró la capacidad fiscal
El volumen de los pasivos no es un accidente fortuito. Es el resultado de una década marcada por el desplome de la producción petrolera, controles endebles y tramas de corrupción que minaron de forma sistemática la caja del Estado. El historial reciente deja ver dos grandes grietas en la arquitectura fiscal:
- La primera son las especulaciones cambiarias. El caso del exbanquero Matthias Krull (2014-2018) expuso un entramado de arbitraje financiero y bienes raíces que drenó cerca de USD 1.200 millones de las arcas públicas.
- La segunda tiene que ver con fugas en la comercialización: más tarde, el escándalo PDVSA-Cripto dejó al descubierto la vulnerabilidad de vender crudo mediante activos digitales, asestando un golpe directo a los ingresos corrientes por exportación.
Esta constante erosión de recursos, combinada con un endeudamiento agresivo y la debilidad de los organismos de control, terminó por ahogar la liquidez del Estado y condenarlo a un prolongado default.
El flujo del crudo y la opacidad del Fondo Petrolero
Ese patrón de fugas no ha desaparecido del todo: incluso bajo el nuevo esquema de administración petrolera, la fragilidad de la caja pública persiste al examinar el flujo real de ingresos tras la reorganización de la industria. Según el informe “Tras la pista del fondo” (julio de 2026) de Transparencia Venezuela, la Orden Ejecutiva n.º 14.373 de EE. UU. creó el Fondo Petrolero (FGDF) para custodiar las ventas internacionales de hidrocarburos, protegerlas de embargos de acreedores y financiar la reconstrucción institucional.
Los números, sin embargo, muestran un margen neto acotado. De aproximadamente USD 15.166,8 millones generados en ventas de exportación durante el primer semestre de 2026 (con una producción de ~1,18 millones de bpd), solo ingresaron al Gobierno interino entre USD 6.353,7 millones y USD 8.162,6 millones netos, tras cubrir costos operativos, diluyentes y margen de las 53 empresas socias operadoras —entre ellas Chevron, CNPC y nuevos firmantes de Contratos de Participación Productiva como Nabep o Hainan Breey Energy. En ese mismo periodo, el Banco Central de Venezuela (BCV) volcó USD 6.104 millones al mercado cambiario (78,1% provenientes de origen petrolero) para contener la inflación y financiar el gasto corriente en bolívares, consumiendo la mayor parte del margen disponible.
Más allá de las cifras, el problema de fondo es de gobernanza: Transparencia Venezuela denuncia una profunda opacidad por la ausencia de auditorías públicas del Fondo, la falta de publicación de los contratos de los nuevos operadores y una alta concentración de la gestión económica en el entorno directo de Delcy Rodríguez Gómez y figuras clave del BCV y PDVSA.
Un nuevo frente de crisis: el costo de la devastación
Justo cuando el margen de maniobra fiscal rozaba mínimos históricos, el entorno macroeconómico sufrió un sacudón imprevisto: el doblete sísmico del 24 de junio de 2026 (7,2 y 7,5 $M_w$) dejó cicatrices profundas en el aparato productivo, la red eléctrica y las arterias viales de la región central y del norte venezolano.
Los balances preliminares —USD 19.600 millones en daños materiales según el Banco Mundial, y USD 37.000 millones de costo de reconstrucción según la UNDRR— dan cuenta de la gravedad del escenario.
El trilema de Venezuela: US$ 240.000 millones en deuda, un desastre natural y cero margen de error
Más allá de las estimaciones contables, la emergencia altera de raíz el orden de prioridades presupuestarias. En la práctica, cada dólar susceptible de entrar en la mesa de negociación con los acreedores internacionales hoy tiene un rival urgente en la economía real: devolver la operatividad a la infraestructura clave y sostener a las comunidades golpeadas por la tragedia.
El triple reto: deuda, desastre y credibilidad
La coyuntura se sintetiza en tres desafíos simultáneos que no son independientes entre sí: reestructurar un pasivo de USD 240.000 millones, financiar la reconstrucción tras los sismos y reconstruir la credibilidad del Estado. El avance en uno depende, en buena medida, del progreso en los otros dos.
La solución técnica exigirá condonaciones y nuevos plazos de pago, pero para los mercados globales las condiciones financieras son solo la mitad del problema. Lo que define la llegada de capital es la seguridad jurídica y la estabilidad de las reglas de juego.
Transparencia: saber a quién se le debe antes de pagar
A la mesa de negociación se suma un requisito ético y legal. Según la economista Rosana Sosa García, la trazabilidad de la propiedad beneficiaria (beneficial ownership) bajo los estándares del GAFI debe ser un paso previo a cualquier acuerdo. Este filtro evitaría blanquear acreencias vinculadas a investigaciones internacionales por corrupción.
En esta visión coincide el jurista Perkins Rocha, al señalar que anteponer la prisa financiera a la justicia minará la estabilidad de largo plazo. Del mismo modo, el economista Ricardo Hausmann advirtió en Forbes Centroamérica que la emergencia del desastre natural no puede utilizarse como pretexto para relajar la vigilancia pública.
Banqueros de Wall Street vs. garantías legales
La contratación de firmas de primer nivel como Hogan Lovells y la boutique de inversión Centerview Partners —liderada en reestructuración soberana por Matthieu Pigasse— representa una jugada técnica impecable. Sin embargo, la experiencia demuestra que los mejores asesores financieros no pueden sustituir la falta de independencia judicial.
Iniciativas como la propuesta por María Corina Machado —enfocada en la apertura al capital privado y en utilizar a Panamá como hub logístico y financiero para la reintegración regional— marcan un rumbo necesario para atraer capitales. Pero la premisa de fondo es ineludible: los acuerdos financieros solo funcionan si existen instituciones sólidas que los respalden.
La salida a este trilema no se resolverá en los despachos de Wall Street ni con simples fórmulas de ingeniería financiera. Un buen acuerdo técnico podrá reprogramar vencimientos y ajustar cifras, pero solo la seguridad jurídica y la transparencia institucional lograrán devolver la credibilidad necesaria para captar el capital que el país exige con urgencia. Con una nación por reconstruir tras el desastre natural, el margen de error en la mesa de negociación es cero.
*La autora es reportera en SocialGeek.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.





















