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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
México mantiene el empleo formal y evita una contracción prolongada, pero el recorte de las previsiones del PIB, el aumento de la deuda pública y las tensiones comerciales con Estados Unidos dibujan una economía con poco margen de error.
Claves de la nota
- La Secretaría de Hacienda redujo su previsión de crecimiento del producto interno bruto para 2026 a un rango de entre 1 % y 2 %.
- El presupuesto proyectado para 2027 asciende a 10,64 billones de pesos, equivalentes a unos US$625.700 millones.
- México creó 38.319 puestos formales en agosto, una recuperación frente a la pérdida de 19.550 plazas registrada en julio.
México llega al último tramo de 2026 con una economía que conserva capacidad de resistencia, pero no consigue recuperar una velocidad de crecimiento acorde con su tamaño, su proximidad a Estados Unidos ni las expectativas creadas alrededor del nearshoring.
Cuatro noticias conocidas casi simultáneamente permiten armar la fotografía del momento: el Gobierno redujo sus previsiones de crecimiento, la deuda pública continuará aumentando, el empleo formal volvió a terreno positivo en agosto y la relación comercial con Estados Unidos entró en una fase decisiva por la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC ).
No son señales contradictorias.
En conjunto describen una economía que sigue funcionando, genera puestos de trabajo y conserva su plataforma exportadora, pero lo hace con una inversión contenida, cuentas públicas más exigidas y una dependencia todavía mayor de las decisiones que se adopten en Washington.
Para los empresarios centroamericanos con operaciones, clientes or inversiones en México, la lectura central apunta: el mercado mexicano no está frente a una crisis macroeconómica inmediata, pero sí ante un periodo de crecimiento bajo y elevada incertidumbre externa en el que la ubicación geográfica, el sector y la vinculación con las cadenas norteamericanas marcarán diferencias.
El crecimiento pierde fuerza en México durante 2026
El Paquete Económico 2027 confirmó que la desaceleración dejó de ser un riesgo para convertirse en el escenario oficial.
La Secretaría de Hacienda redujo su previsión de crecimiento del producto interno bruto para 2026 a un rango de entre 1 % y 2 %, frente al intervalo de 1,8 % a 2,8 % planteado en abril.
Para 2027 proyecta una expansión de entre 1,5 % y 2,5 %, también inferior a su cálculo anterior.
La amplitud de esos rangos revela algo más que prudencia estadística: muestra la dificultad de anticipar cuánto podrá aportar el sector externo mientras se renegocian las condiciones comerciales con Estados Unidos y cuánto podrá compensar el mercado interno.
El Banco de México ya había descrito una trayectoria irregular.
La economía se reactivó en el segundo trimestre después de contraerse en el primero, pero el banco central advirtió que persistirían condiciones de holgura durante el horizonte de pronóstico.
Además, mantuvo la tasa de referencia en 6,5 %, después de dar por concluido el ciclo de recortes iniciado en 2024.
México, por tanto, no se encuentra paralizado, pero tampoco transita hacia una aceleración firme.
El consumo, la inversión pública, las exportaciones y unas condiciones financieras menos restrictivas son los pilares en los que Hacienda confía para 2027.
El problema es que cada uno enfrenta sus propios límites.
El consumo necesita empleos e ingresos crecientes; la inversión privada requiere certidumbre; el gasto público está condicionado por la consolidación fiscal, y las exportaciones dependen del resultado de la conversación con Estados Unidos.
Más deuda y una consolidación todavía gradual
El segundo foco está en las cuentas públicas. El Gobierno prevé reducir el déficit presupuestario desde 3,6 % del PIB en 2026 hasta 3,4 % en 2027 y la deuda continuará subiendo.
El Gobierno prevé reducir el déficit presupuestario desde 3,6 % del PIB en 2026 hasta 3,4 % en 2027.
La medida más amplia del déficit, los Requerimientos Financieros del Sector Público, bajaría de 4,1 % a 3,9 %.
Sin embargo, la deuda pública continuará subiendo: el saldo histórico de esos requerimientos pasaría de 54 % del PIB en 2026 a 55 % en 2027.
Ese nivel no coloca por sí solo a México en una crisis de sostenibilidad.
Sí indica que el país dispondrá de menos espacio fiscal para enfrentar una desaceleración más intensa, un encarecimiento del financiamiento o nuevas necesidades de capital para Petróleos Mexicanos (Pemex).
El presupuesto proyectado para 2027 asciende a 10,64 billones de pesos —unos US$625.700 millones—, un incremento nominal de 4,3 %.
El Gobierno busca sostener los programas sociales y aumentar recursos para educación, salud e infraestructura mientras reduce gradualmente el déficit.
La ecuación es exigente: gastar en prioridades sociales y productivas, elevar la recaudación sin crear nuevos impuestos y, al mismo tiempo, estabilizar la deuda.
Pemex vuelve a ocupar un lugar crítico.
El Gobierno contempla transferirle 81.100 millones de pesos, aproximadamente US$4.771 millones, para amortizar obligaciones financieras y créditos bancarios.
El apoyo muestra que, pese a los planes para fortalecer la empresa, la petrolera continúa ejerciendo presión sobre las finanzas federales.
Para los inversionistas, la cuestión no es únicamente cuánto representa hoy la deuda respecto al PIB.
Importa también su trayectoria y cuánto del presupuesto futuro quedará comprometido por intereses, transferencias y necesidades de empresas estatales.
El empleo mejora, aunque avanza lentamente
El mercado laboral ofrece una señal favorable y el Instituto Mexicano del Seguro Social registró creación de nuevos puestos formales durante el transcurso del año 2026.
El mercado laboral ofrece una señal más favorable, aunque debe leerse con matices.
México creó 38.319 puestos formales en agosto, una recuperación frente a la pérdida de 19.550 plazas registrada en julio.
En los primeros ocho meses de 2026 se acumularon 281.397 nuevos empleos, según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
El país cerró agosto con 22,8 millones de puestos afiliados, la segunda cifra más elevada desde que existen registros.
Además, el 87,1 % corresponde a empleos permanentes, cuyo número alcanzó un máximo histórico.
Es una señal relevante porque sugiere que la desaceleración no se ha traducido en un deterioro generalizado del empleo formal.
Sin embargo, su crecimiento interanual, de 1,5 %, resulta moderado para una economía con una población laboral en expansión.
La composición sectorial también muestra una recuperación desigual.
El empleo aumentó 6,6 % anual en transportes y comunicaciones, 4,7 % en la industria extractiva y 3,7 % en servicios sociales y comunales.
En cambio, cayó





















