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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
Piratería digital, riesgos para Latinoamérica
A diferencia de lo que se pueda creer aún, recurrir a accesos o copias no autorizadas tiene un costo alto. La Alianza Antipiratería Audiovisual, sede Latinoamérica, publicó en su informe 2025 que la región pierde más de 8.8 millones de dólares (MDD) cada año por piratería digital.
Claves de la nota
- La región pierde más de 8.8 millones de dólares anuales a causa de la piratería digital
- Los sitios de streaming ilegal presentan hasta 131 veces más riesgos de amenazas cibernéticas
- La Operación 404 coordinó acciones entre Brasil, Argentina, Reino Unido y otros países contra la piratería
Los consumidores pueden no pagar una tarifa de suscripción, pero a menudo terminan asumiendo pagos, incluso mayores, por otras vías: exposición a malware, phishing, spyware, robo de credenciales y fraude financiero; sin pasar por alto el compromiso de sus redes personales o domésticas.
La piratería en la región ha evolucionado hasta convertirse en una amenaza significativa para la ciberseguridad y la protección del consumidor —sea un particular o una empresa—, que va más allá de las preocupaciones tradicionales relacionadas con la propiedad intelectual.
Los consumidores que recurren a servicios piratas de streaming, descargas o IPTV (televisión por internet) no sólo buscan entretenimiento a menor costo, sino que también se adentran en un terreno plagado de malware, phishing, fraude financiero y vulneración de datos, refieren las investigaciones encargadas por la Alliance for Creativity and Entertainment (ACE), la principal coalición antipiratería en el mundo.
Los escenarios con mayor riesgo de amenaza cibernética por tipo de piratería son los sitios de streaming con hasta 131 veces más. Le siguen sitios de redes entre pares, sitios fraudulentos, retransmisión por IPTV, sitios de anime, de deportes y de suscripción por IPTV.
Riesgos no visibles
En entrevista con Forbes Centroamérica, Larissa Knapp, vicepresidenta ejecutiva y directora de Protección de Contenidos de la Motion Picture Association (MPA), explica que un consumidor que busca un partido de futbol, una película o una serie “gratis” puede encontrarse en su lugar con pantallas de pago fraudulentas, spyware, anuncios maliciosos o páginas creadas para robar información personal y bancaria.
Estas plataformas están diseñadas para parecer legítimas, pero muchas están construidas en torno a modelos de negocio criminales que monetizan el engaño de los usuarios.
Para las empresas, comparte, el riesgo surge cuando los empleados utilizan dispositivos de trabajo, direcciones de correo electrónico corporativas o contraseñas reutilizadas para acceder a servicios ilegales. Una sola credencial comprometida puede generar exposición más allá del consumidor individual. Puede abrir la puerta a fraude más amplio, robo de datos o incidentes de seguridad corporativa. Por eso, las empresas deben preocuparse por los riesgos cibernéticos asociados a la piratería, especialmente en dispositivos laborales y redes compartidas.
Además refiere la cualidad regional de este delito.
“La piratería en América Latina es transfronteriza por diseño. Un portal fraudulento, un servicio IPTV ilegal o una campaña de malware no necesitan estar ubicados en un país para perjudicar a los consumidores de esa nación”, menciona.
Y agrega:
“La vulnerabilidad es regional: alta conectividad, piratería normalizada, fuerte demanda de contenido en vivo, conciencia desigual del consumidor y operadores criminales que pueden moverse más rápido que la aplicación de la ley”.
Los consumidores centroamericanos acceden a contenido a través de los mismos tipos de sitios de streaming ilegal, servicios IPTV, aplicaciones de piratería, televisores inteligentes, dispositivos móviles y redes domésticas. Estos servicios suelen promocionarse a través de redes sociales, aplicaciones de mensajería y redes informales de revendedores, lo que hace que parezcan familiares y de bajo riesgo, incluso cuando están vinculados a malware, phishing o fraude.
Las más afectadas
Otras industrias afectadas incluyen medios y entretenimiento, deportes, tecnología, telecomunicaciones, publicidad, pagos, fintech, ciberseguridad y cualquier empresa cuyos empleados o clientes estén expuestos a estas redes. “La piratería debilita la confianza en toda la economía digital legítima, no sólo en el sector creativo”, recalca Larissa.
La piratería digital afecta mucho más a las industrias creativas, pero impacta a la economía digital en general porque los sitios y servicios de piratería dependen de la misma infraestructura que utilizan los consumidores y las empresas todos los días: sistemas de pago, redes publicitarias, servicios de alojamiento, redes sociales, aplicaciones de mensajería, redes de telecomunicaciones, televisores inteligentes, dispositivos móviles y conexiones a internet en hogares y lugares de trabajo.
Precisa que las empresas fintech y los proveedores de pagos pueden estar expuestos, lo mismo que los anunciantes que pueden ver sus marcas aparecer junto a contenido ilegal.
Hace énfasis en los deportes en vivo, que son especialmente vulnerables porque el valor del evento se concentra en tiempo real. La mayoría de los aficionados no verá un partido después de su culminación. Los operadores criminales comprenden eso y lo explotan mediante transmisiones ilegales, anuncios engañosos, suscripciones, malware y fraude de pagos.
Brechas de cooperación
La importancia de la Operación 404 no radica sólo en el número de sitios y aplicaciones ilegales interrumpidos, sino en la coordinación detrás de ella: fuerzas del orden, inteligencia de la industria, disrupción técnica y acciones repetidas contra redes diseñadas para reconstituirse rápidamente.
Para Larissa, las principales brechas son la velocidad, la coordinación y la capacidad de actuar a través de fronteras y sectores.
Las redes de piratería no operan en una sola plataforma, país o sistema legal. Mueven su infraestructura rápidamente, dependen de intermediarios para permanecer en línea y recibir pagos, y utilizan redes sociales, aplicaciones de mensajería y redes informales de revendedores para llegar a los consumidores. Esta fragmentación hace que la aplicación de la ley sea demasiado lenta.
La respuesta no puede limitarse a cerrar un sitio a la vez. El objetivo debe ser identificar la red, interrumpir su infraestructura, cortar sus fuentes de financiamiento y reducir la exposición del consumidor antes de que los mismos operadores reaparezcan bajo un nuevo dominio, aplicación o marca, plantea la experta.
La Operación 404 es un ejemplo sólido de cómo puede funcionar una acción coordinada. Comenzó como una iniciativa de aplicación de la ley en Brasil, pero las fases subsecuentes han incorporado autoridades y socios de toda la región y más allá, incluyendo Argentina, Ecuador, Paraguay, Perú y el Reino Unido, con México y Estados Unidos observando la metodología. Esto es importante porque las redes de piratería también son transfronterizas. La aplicación de la ley también debe serlo, subraya.
“En toda América Latina necesitamos más de este tipo de cooperación: intercambio más rápido de información, mayor capacidad de análisis forense digital, herramientas legales de interrupción y una coordinación más estrecha entre gobiernos, autoridades, ISPs, proveedores de pagos, plataformas, autoridades de ciberseguridad, agencias de protección al consumidor y la industria”.
Los operadores de piratería son ágiles, transfronterizos y comercialmente sofisticados.
“Nuestra respuesta debe ser igualmente ágil”, destaca Larissa Knapp.





















