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Sequía en Guatemala y su impacto en las comunidades rurales
La crisis que golpea a la aldea incrustada en el Corredor Seco centroamericano —una franja árida que habitan más de diez millones de personas en la región y atraviesa varios departamentos guatemaltecos— refleja la vulnerabilidad de miles de familias rurales golpeadas por los efectos del clima.
Claves de la nota
- El agricultor Felícito Marroquín perdió más de US$1.930 tras la destrucción de 3,5 hectáreas de maní.
- El fenómeno climático de El Niño provoca pérdidas totales en los cultivos de subsistencia de El Jícaro.
- El Insivumeh advirtió la consolidación de El Niño con impacto al menos durante todo el primer semestre de 2027.
La sequía golpea con fuerza el este de Guatemala, donde la falta prolongada de lluvias arrasó por completo con las 3,5 hectáreas de maní de Felícito Marroquín, un agricultor de 72 años de una aldea situada a algo más de un centenar de kilómetros de la capital y quien hoy lucha por sobrevivir.
De pie sobre su parcela en el municipio de El Jícaro, en el departamento (provincia) de El Progreso, Marroquín se agacha para tocar el suelo agrietado donde las plantas yacen marchitas antes de dar fruto.
“De la venta de la manía (maní) compramos el maíz y el frijol que comemos.
La milpa se seca rápido y la manía (maní) le hace más ‘gancho’ (oposición) a la sequía, pero este año no sacamos nada”, relata Marroquín a EFE tras perder más de US$1.930 que invirtió en la siembra.
La crisis que golpea a la aldea incrustada en el Corredor Seco centroamericano —una franja árida que habitan más de diez millones de personas en la región y atraviesa varios departamentos guatemaltecos— refleja la vulnerabilidad de miles de familias rurales golpeadas por los efectos del clima.
La situación en Las Ovejas
Es el mismo caso en otra comunidad cercana, específicamente la aldea Las Ovejas, donde el ambiente es igual de desolador.
Bajo el techo de paja de su casa, sin paredes y sobre piso de tierra, Jesús Rodríguez se sienta en un gastado sillón para sostener en sus manos tostadas unas pequeñas mazorcas, raquíticas y sin grano.
A su lado, Delfa Esperanza Carías observa el campo baldío con resignación mientras lamenta que la escasez de lluvia haya terminado con el esfuerzo de meses en los huertos comunitarios y de subsistencia de la zona.
“Aquí el agua de los pozos bajó a niveles que nunca habíamos visto.
Las plantas se secaron antes de dar fruto y las familias ya no tienen qué comer ni qué vender en el mercado local”, afirma Carías a EFE.
El fantasma de El Niño
El fantasma de El Niño Las condiciones de vida en las comunidades de El Jícaro empeoran debido a la falta de vías de acceso, ya que para llegar a las comunidades hay que atravesar cauces de ríos completamente secos y caminos de piedra donde solo es posible transitar a caballo o en vehículos de doble tracción.
Sin cosechas y sin agua en los pozos, ni en los agujeros artesanales recubiertos con plástico negro donde intentan recolectar la poca lluvia residual, a los habitantes de estas aldeas solo les queda como salida de emergencia emplearse por días bajo el sol sofocante en las fincas productoras de melón.
“Ahí van a trabajar muchos vecinos para sacar para el diario, aunque no es lo mismo que trabajar en lo propio”, se lamenta Marroquín.
Debido al fenómeno climático de El Niño, las pérdidas totales en los cultivos de subsistencia en las aldeas de El Jícaro son una realidad, como confirma José Antonio Acevedo, un extensionista -técnico encargado de la transferencia de conocimiento agrícola- del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA). “Estamos asistiendo a familias que perdieron la totalidad de su producción de subsistencia en esta temporada.
La sequía extrema afectó el desarrollo de las plantas desde la fase de germinación y la disponibilidad de fuentes de agua para el riego artesanal en las comunidades es prácticamente nula”, explicó Acevedo tras evaluar las zonas agrícolas del municipio.
La situación del sector empeorará en los próximos meses, según un informe técnico reciente emitido por el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), que advirtió de la consolidación oficial del fenómeno meteorológico de El Niño tras registrar cuatro trimestres móviles consecutivos con valores positivos en el Índice Oceánico de El Niño (ONI).
De acuerdo con el Insivumeh y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los efectos de este evento —traducidos en un déficit hídrico de cerca de un tercio de las lluvias normales y un aumento en las temperaturas promedio— mantendrán su impacto en el territorio guatemalteco al menos durante todo el primer semestre de 2027.





















