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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
Exportaciones de América Latina y el Caribe
Las exportaciones de bienes de América Latina y el Caribe crecieron un 19,5 % interanual en el primer semestre de 2026, por encima del 14,5 % del comercio mundial, alentadas por el alza del precio del petróleo y de otros productos básicos y la infraestructura asociada a la Inteligencia Artificial.
Claves de la nota
- Las exportaciones de América Latina y el Caribe aumentaron un 19,5 % en el primer semestre de 2026
- Centroamérica desaceleró el crecimiento de sus ventas externas del 11,0 % en 2025 al 8,3 %
- La participación regional en las importaciones de Estados Unidos alcanzó un máximo histórico de 22,1 %
Centroamérica fue la única subregión cuyas exportaciones perdieron dinamismo. Sus ventas externas pasaron de un aumento de 11,0 % en 2025 a uno de 8,3 % en el primer semestre de 2026.
El dinamismo exportador de la región abre una oportunidad para atraer más inversión extranjera, según el Monitor de Comercio e Integración 2026 del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El informedestaca que, en un entorno global desafiante, la región tuvo un desempeño notable impulsado principalmente por los mayores volúmenes exportados y la contribución del aumento de los precios. México lideró la mejora regional (24,6 %) gracias a las ventas de equipos de infraestructura para Inteligencia Artificial en Estados Unidos.
El avance de las ventas del Caribe (19,1 %), concentrado en Guyana y Surinam, y en Sudamérica (16,5 %) fue impulsado por el aumento en las cotizaciones de los productos mineros y energéticos, en particular el petróleo.
Centroamérica pierde dinamismo
Centroamérica fue la única subregión cuyas exportaciones perdieron dinamismo. Sus ventas externas pasaron de un aumento de 11,0 % en 2025 a uno de 8,3 % en el primer semestre de 2026. Si bien se registró cierta desaceleración en varios países (Costa Rica, Guatemala y Honduras), en otros se registró una mejora del desempeño (El Salvador, Nicaragua y República Dominicana), mientras que en Panamá operaron factores excepcionales.
“La resiliencia comercial de América Latina y el Caribe es una oportunidad para atraer más inversión. Para aprovecharla, la región puede combinar sus compromisos internacionales de comercio e inversión con marcos regulatorios domésticos complementarios que den certidumbre a los inversionistas”, señaló Paolo Giordano, economista principal del Sector de Productividad, Comercio e Innovación del BID.
Los productos que más contribuyeron al crecimiento fueron el oro y las piedras preciosas y la joyería, seguidos por los instrumentos médicos y de precisión y por el complejo de cereales, oleaginosas y aceites. El principal freno vino de los textiles y las confecciones, que restaron una parte considerable del aumento, reflejo del retroceso de la maquila textil.
La participación de América Latina y el Caribe en las importaciones de Estados Unidos, principal destino del crecimiento exportador de la región, alcanzó un máximo histórico de 22,1 % en el primer semestre de 2026, mientras las compras estadounidenses al resto del mundo se contrajeron. La región también recuperó participación en el mercado europeo.
Aunque la región sigue siendo la que más inversión extranjera directa capta en relación con el tamaño de su economía, en 2023–2025 recibió 4,5 % menos inversión que en 2012–2014 y su participación en el acervo mundial bajó de 7,1 % a 6,0 %.
El BID señala que la región puede beneficiarse de los convenios de doble imposición, los tratados bilaterales de inversión y los acuerdos comerciales con capítulo de inversión, ya que los mismos se asocian con una mayor probabilidad de que existan relaciones de inversión.
Según el Monitor, la aplicación provisional del Acuerdo MERCOSUR-Unión Europea, la modernización de otros acuerdos comerciales y la reconfiguración de las cadenas globales de valor asociada a la inteligencia artificial y la transición energética abren una ventana de oportunidad para la región.
Por ello el informe plantea que la agenda externa debe acompañarse de reformas complementarias de la arquitectura regulatoria nacional y de inversiones en bienes públicos que reduzcan los costos de internacionalización del sector privado.




















