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Trayectoria de Ilya Espino de Marotta en el Canal de Panamá
La ingeniera que comenzó como la única mujer en el astillero, dirigió la ampliación de la vía interoceánica y abrió espacios en un mundo dominado por hombres asumió como la primera administradora del Canal de Panamá. Llega al cargo en una coyuntura marcada por la crisis hídrica, la competencia logística y las tensiones geopolíticas.
Claves de la nota
- Ilya Espino de Marotta asumió como la primera administradora del Canal de Panamá el 7 de septiembre de 2026 tras 41 años de trayectoria.
- La ampliación del Canal de Panamá fue una obra valorada en al menos US$5.000 millones inaugurada en junio de 2016.
- Espino asumió la Vicepresidencia de Operaciones y luego fue designada subadministradora el 1 de enero de 2020.
El 7 de septiembre de 2026, Ilya Espino de Marotta subió las escalinatas del edificio de la Administración del Canal de Panamá para completar un recorrido que había comenzado 41 años antes, cuando llegó a la vía interoceánica como una joven ingeniera y la única mujer entre los profesionales del astillero. Esta vez no llevaba el casco rosa con el que recorrió durante años uno de los mayores proyectos de infraestructura de América Latina.
Llegaba para tomar posesión como administradora del Canal, máxima autoridad ejecutiva de una institución decisiva para Panamá y para el comercio internacional. Era la primera mujer en hacerlo.
“Sé lo que significa ser la primera mujer en asumir la administración de este canal”
reconoció durante su discurso. Pero enseguida puso el logro en perspectiva:
“No llegué aquí por ser mujer. Llegué aquí porque en 41 años trabajé y me preparé para esta responsabilidad”.
La frase resume buena parte de su historia. La designación representa un hito de género, pero no puede explicarse únicamente desde esa dimensión.
La única ingeniera del astillero
Espino llega a conducir el Canal porque conoce su funcionamiento desde el astillero hasta la oficina ejecutiva; porque atravesó sus áreas técnicas, financieras y operativas; y porque tuvo bajo su responsabilidad la obra que transformó la capacidad de la ruta para competir en el siglo XXI. El simbolismo está allí y es poderoso. Sin embargo, se sostiene sobre una trayectoria técnica, empresarial e institucional construida durante más de cuatro décadas.
Cuando Espino de Marotta ingresó al Canal en 1985, la vía todavía estaba bajo administración estadounidense. Se incorporó como ingeniera marina a la entonces División Industrial y era la única mujer ingeniera en el astillero. Había egresado de Texas A&M University, en Estados Unidos, en una especialidad vinculada con una industria históricamente dominada por hombres.
Más tarde obtuvo una maestría en Ingeniería Económica en la Universidad Santa María La Antigua, en Panamá, y completó programas ejecutivos en INCAE Business School y la Kellogg School of Management de Northwestern University. También obtuvo una certificación en administración de proyectos del Project Management Institute.
Su ascenso no fue lineal ni se limitó a una sola especialidad. Trabajó en las divisiones de Dragado, Ingeniería Mecánica y Contabilidad, donde fue ingeniera valuadora. Coordinó programas de inversiones, participó en la elaboración del Plan Maestro del Canal y asumió responsabilidades de administración de recursos y control de proyectos.
Ese recorrido le permitió entender que el Canal no era solamente una obra de ingeniería. Era, simultáneamente, una ruta marítima, una operación logística, una empresa pública, una fuente de agua, una pieza geopolítica y uno de los principales pilares económicos de Panamá. También aprendió a dirigir más allá de su conocimiento técnico.
En una entrevista con Estrategia & Negocios, recordó el temor que sintió cuando pasó de supervisar a pocas personas a coordinar equipos y áreas que estaban fuera de su especialidad. Una coach le hizo ver que, en esa nueva etapa, su trabajo ya no consistía en poseer todas las respuestas, sino en tomar decisiones, respaldar al equipo y apoyarse en quienes tenían el conocimiento necesario.
“Aprendí lo que era el rol de un liderazgo”
resumió entonces. Para Espino, liderar significaba estar presente, escuchar y ayudar a las personas a encontrar soluciones. Aquella transición —de especialista a líder— sería determinante para el desafío que estaba por llegar.
La ingeniera detrás de la ampliación
El nombre de Ilya Espino de Marotta quedó unido a la ampliación del Canal de Panamá, una de las mayores obras de infraestructura ejecutadas en la región. Como vicepresidenta ejecutiva de Ingeniería y Administración de Programas, tuvo un papel central en el proyecto inaugurado en junio de 2016.
La obra, valorada en al menos US$5.000 millones, incorporó un tercer juego de esclusas y permitió el tránsito de buques neopanamax, embarcaciones de mayores dimensiones que cambiaron la escala comercial de la ruta. Espino dirigió un equipo de más de 1.000 personas en un programa complejo, sometido a la atención de Panamá, de la industria marítima y del mundo.
Durante las inspecciones utilizaba un casco rosa. El elemento terminó convirtiéndose en una seña reconocible, pero su sentido iba más allá de la imagen. En una industria llena de cascos blancos, amarillos y azules, el suyo hacía visible que una mujer estaba al frente de la ejecución técnica de una obra monumental.
Ella misma entendía que su posición podía abrir el camino a otras profesionales. Su forma de abordar la diversidad tampoco se detenía en la representación. Espino ha defendido que hombres y mujeres pueden aproximarse a los problemas de maneras diferentes y que los equipos equilibrados enriquecen la toma de decisiones. Su mensaje para otras mujeres ha sido demostrar capacidad para que cada logro facilite la apertura de nuevas puertas.
Tras culminar la ampliación, asumió la Vicepresidencia de Operaciones y luego fue designada subadministradora. Tomó posesión de ese cargo el 1 de enero de 2020, convirtiéndose también en la primera mujer en ocupar la segunda posición ejecutiva de la ACP. Apenas unos meses más tarde, la pandemia obligó al Canal a operar con alrededor del 60% de su fuerza laboral en las instalaciones, mientras el resto permanecía en casa.
La organización tuvo que mantener el servicio en medio de restricciones sanitarias, disrupciones logísticas e incertidumbre mundial. Para Espino, fue otra lección sobre la necesidad de combinar disciplina opera





















