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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
Antes de ser símbolo de lujo, el tabaco atravesó templos, puertos coloniales y una revolución que cambió su mapa productor. De México a Chile, cada país de la región heredó un capítulo distinto de esa historia.
Claves de la nota
- Nicaragua exportó 258,4 millones de unidades de puros premium a Estados Unidos en 2025.
- El sector tabacalero nicaragüense genera 44.000 empleos directos y 65.000 indirectos.
- República Dominicana registró exportaciones de tabaco y cigarros por 1.340 millones de dólares en 2024.
Una hoja de tabaco enrollada y compartida en comunidad fue, para los mayas, un puente con lo sagrado antes que un placer, y el nombre mismo del objeto —cigarro— desciende de sikar, la voz maya para fumar. De esa raíz ritual nació un oficio que los españoles llevaron a Europa tras la llegada de Colón, y que cada región de América reinterpretó más tarde a su manera.
Cuba concentró durante el siglo XIX el mayor prestigio del tabaco de exportación, pero la revolución de 1959 dispersó ese oficio hacia otros suelos, y hoy, en países como México, Centroamérica, República Dominicana, Colombia, Perú y Chile, la hoja escribe capítulos que van de la industria consolidada al ritual amazónico y al mercado en formación.
En una vasija maya de hace unos 1.300 años, hallada en Campeche, un glifo se lee “y-otoot u-may”: la casa de su tabaco. Esa pieza, hoy parte de la Colección Kislak de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, es uno de los primeros registros materiales de un ritual que los mayas llamaban sikar —fumar—, raíz de la que deriva, siglos más tarde, la palabra cigarro.
El ritual no era exclusivo de los mayas: mexicas, totonacas y zapotecas también fumaban tabaco como ofrenda y como medicina, soplando el humo hacia el cielo o hacia el cuerpo enfermo para alejar el mal. Un hallazgo arqueológico de 2024 en El Baúl, Guatemala, amplió el registro: antes de fumarlo, los mayas también bebían el tabaco en forma líquida, según reportó National Geographic.
El siglo de oro y la ruptura cubana
Los expedicionarios que llegaron con Cristóbal Colón en 1492 encontraron a los pueblos originarios fumando hojas enrolladas y llevaron la costumbre a Europa, donde el cultivo del tabaco se expandió con rapidez durante los siglos siguientes. Cuba, y en particular la región de Vuelta Abajo, en Pinar del Río, se consagró en el siglo XIX como el epicentro mundial del puro de alta gama.
Ahí nacieron casas que todavía hoy definen el oficio, como H. Upmann en 1844, Partagás en 1845 y Romeo y Julieta en 1875 —Cohiba y Montecristo son, en realidad, creaciones ya del siglo XX—. Esa hegemonía se quebró el 1 de enero de 1959, cuando triunfó la revolución liderada por Fidel Castro, y se profundizó al año siguiente con la nacionalización de la industria tabacalera cubana.
Los dueños de las grandes marcas salieron al exilio y replantaron semilla cubana en otros suelos del continente, sobre todo en Honduras, Nicaragua y República Dominicana, que heredaron el oficio y, con el tiempo, buena parte del mercado.
El trío que heredó el oficio
De acuerdo con la Cámara Nicaragüense de Tabacaleros, Nicaragua lidera exportaciones de puros premium a Estados Unidos, con 258,4 millones de unidades en 2025 y un alza del 2% frente al año anterior. El gremio reporta además 44.000 empleos directos y 65.000 indirectos ligados al cultivo y al torcido de la hoja.
Honduras exportó 74,5 millones de unidades ese mismo año, con un crecimiento del 11% que lo destacó dentro del trío mayor. Su prestigio no depende solo del volumen: en 2024, el Plasencia Cosecha 151, elaborado en Danlí, fue elegido mejor puro del mundo por Cigar Journal.
República Dominicana envió 93,7 millones de unidades a Estados Unidos en 2025, con una caída del 12% explicada en parte por trabas de envío que golpearon a Tabacalera de García, la fábrica de puros más grande del mundo. Aun así, sigue siendo el mayor exportador global del rubro: en 2024 sumó 1.340 millones de dólares en exportaciones de tabaco y cigarros, con más de 122.000 empleos directos, según cifras de Intabaco.
Costa Rica, sin integrar ese trío, es la voz emergente de la región: en 2024 despachó unos 2,4 millones de puros hechos a mano a Estados Unidos, con un salto del 44,9%, de acuerdo con la Cigar Association of America. Puriscal cumple ahí el papel que Estelí tiene en Nicaragua, con casas boutique como El Séptimo que empiezan a ganar terreno.
San Andrés Tuxtla, la raíz que no se movió
México no necesitó la diáspora cubana para tener su propia tradición: en San Andrés Tuxtla, Veracruz, se cultiva tabaco desde la época colonial y se tuercen puros a mano desde hace más de siglo y medio. El suelo volcánico de la región dio origen a la Capa San Andrés, hoy una de las envolturas más valoradas del mundo.
Ahí sigue operando la fábrica Santa Clara, que elabora puros de forma artesanal desde 1830, junto a casas como Turrent —detrás de la marca Te Amo— y otras más jóvenes, como Ciikar o Cházaro Cigars. Santa Clara exporta hoy a 15 países, entre ellos Estados Unidos, República Dominicana y Nicaragua, sus propios pares en la región.
Colombia, del tabaco al café
Colombia tuvo su propio auge tabacalero, aunque hoy sobreviva en la memoria de un solo pueblo: Ambalema, en el Tolima, llegó a producir más de dos tercios del tabaco del país hacia 1858 y lo exportaba a Alemania e Inglaterra por el río Magdalena. La bonanza financió el primer banco de Colombia y sostuvo la economía nacional antes de que el café tomara ese lugar.
Ese oficio no desapareció del todo: se trasladó a Santander, donde familias como los Correa —al frente de Colpuros desde que Agustín Correa fundó el negocio en Zapatoca, hace más de 150 años— siguen torciendo tabaco con técnica cubana en Piedecuesta. A ese núcleo se sumaron marcas más recientes, como Puros de Santander, mientras Bogotá y Medellín ganan una comunidad creciente de aficionados en sus cigar lounges.
Perú y Chile, otros vínculos con la hoja
Perú no forma parte del mapa productor de puros premium, pero conserva el vínculo más antiguo con la planta: en la Amazonía, el mapacho —Nicotiana rustica, una especie distinta de la que se usa en los puros— se fuma y se bebe en ceremonias chamánicas, muchas veces como purga previa a una sesión de ayahuasca. Crónicas del siglo XVI ya describían a los pueblos indígenas fumando tabaco antes de ir a la guerra, para protegerse de los vapores y las incomodidades del camino.
Por su parte, Chile tiene una relación inversa con la hoja: la cultivó desde el siglo XIX, aunque solo para cigarrillos, tras una prohibición colonial que rigió hasta 1880, y hoy grava los puros premium con el impuesto más alto de la región, 52,6%. Ahí el puro es sobre todo cultura de consumo, con catas y maridajes en La Casa del Habano de Santiago, y en 2021 un grupo de emprendedores —entre ellos un tabaquero cubano radicado en el país— intentó lanzar el primer puro hecho enteramente en Chile.
El oficio hoy
En cuanto al proceso,, hoy en día sigue siendo manual en toda la región: selección de la hoja, fermentación, añejamiento y torcido a mano, un oficio que se aprende con años y no con manuales. A esa base artesanal se sumaron el comercio electrónico, que amplió el acceso a marcas antes limitadas a tiendas especializadas, y una cultura de catas y maridajes con ron, whisky o café que convirtió al puro en experiencia compartida más que en hábito solitario.
Lo que empezó como un puente con los dioses mayas y cruzó el Atlántico con los conquistadores hoy convive, en la misma región, con una fábrica industrial en La Romana, un taller familiar en Piedecuesta y una ceremonia chamánica en la selva peruana. Ninguna versión es más legítima que otra: todas parten de la misma hoja, y todas siguen ardiendo.
(*) El autor es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Guadalajara, y es profesor del Diplomado de Cigar Sommelier en distintas instituciones gastronómicas de México, además de ser fundador y director de la Fábrica Pedro Moreno, con 30 años de experiencia en la creación de puros. Asimismo, es autor del libro La esencia de la tierra, descubriendo la felicidad en cada sabor: un viaje a través de los puros y los regalos de nuestra madre Tierra.




















