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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
Reguladores, inversionistas, entidades financieras, clientes y mercados convergen sobre una misma expectativa: comprender con mayor claridad cómo los factores ambientales afectan la capacidad de una organización para generar valor en el tiempo, y lo hacen en medio de la aparición de nuevos marcos regulatorios o estándares que entran en vigor el siguiente año.
Claves de la nota
- La economía global pierde hasta 29.7 billones de dólares al año por ineficiencias de producción
- Cinco prioridades estratégicas guiarán a las juntas directivas hacia la integración de la sostenibilidad para 2027
- Deloitte destaca que la tecnología analítica transforma la medición de decisiones financieras y reportes ambientales
El cambio de modelo y la sostenibilidad en el estado de resultados
Durante años la sostenibilidad fue presentada como una agenda complementaria dentro de las empresas. Se discutía en reportes corporativos, formaba parte de conversaciones con grupos de interés y aparecía en compromisos públicos cada vez más ambiciosos. Sin embargo, pocas organizaciones lograban conectar esos esfuerzos con las variables que verdaderamente definen el desempeño de un negocio.
Crecimiento, rentabilidad, productividad, acceso a capital y creación de valor son variables clave. Esa realidad está cambiando. Y 2027 se perfila como el año en que la sostenibilidad dejará de ser una conversación paralela para integrarse definitivamente al estado de resultados. No se trata de una afirmación aspiracional. Es una consecuencia lógica de una transformación que ya está ocurriendo.
Reguladores, inversionistas, entidades financieras, clientes y mercados convergen sobre una misma expectativa: comprender con mayor claridad cómo los factores ambientales afectan la capacidad de una organización para generar valor en el tiempo. La sostenibilidad está dejando de ser una cuestión reputacional para convertirse en una cuestión financiera.
Pérdida de valor económico según Deloitte
El dato que mejor explica este fenómeno proviene del Informe sobre la Brecha de Circularidad 2026, de Deloitte. El estudio concluye que la economía global pierde aproximadamente 25.4 billones de euros en valor económico cada año debido a prácticas lineales de producción y consumo. Utilizando un tipo de cambio de referencia cercano a 1.17 dólares por euro, esto equivale a cerca de 29.7 billones de dólares. La cifra representa aproximadamente un tercio del valor económico generado a nivel global.
Visto desde otra perspectiva, por cada tres dólares que produce la economía mundial, uno se pierde por ineficiencias, desperdicio, deterioro prematuro de activos y destrucción de valor no recuperado.
Lo verdaderamente relevante no es el tamaño de la cifra, sino lo que revela acerca de la forma en que entendemos el crecimiento. Durante décadas hemos utilizado indicadores capaces de medir actividad económica, inversión y producción. Sin embargo, esos mismos indicadores tienen dificultades para mostrar cuánto valor se pierde a lo largo del proceso. Una empresa puede crecer mientras desperdicia recursos, una industria puede expandirse mientras erosiona capacidades futuras y una economía puede aumentar su producción mientras destruye parte del valor que genera. Ese punto ciego comienza a desaparecer.
La evolución de los estándares internacionales de divulgación es una señal clara de este cambio. Las nuevas exigencias de reporte ya no buscan únicamente conocer qué iniciativas ambientales desarrolla una organización. Cada vez más, buscan comprender cómo los riesgos y oportunidades relacionados con sostenibilidad afectan resultados financieros, inversiones, activos, cadenas de suministro y modelos de negocio. En otras palabras, buscan conectar los temas ambientales con el lenguaje financiero.
Este movimiento coincide con una transformación profunda en el mundo de las finanzas. Los mercados de capitales están evolucionando hacia una visión más amplia del riesgo. Aspectos como resiliencia operativa, seguridad de abastecimiento, exposición a recursos críticos, eficiencia energética, gestión de activos y adaptación al cambio regulatorio son analizados con una atención creciente. El financiamiento sostenible continúa expandiéndose y exige mayores niveles de transparencia, medición y gobernanza. En este contexto, la capacidad de demostrar creación de valor de largo plazo adquiere una relevancia estratégica.
Las investigaciones recientes sobre sostenibilidad corporativa refuerzan esta tendencia.
¿Cómo está transformando la sostenibilidad a la conversación empresarial?
Los líderes empresariales ya no observan la sostenibilidad únicamente como un mecanismo de cumplimiento. Cada vez más organizaciones la relacionan con generación de ingresos, fortalecimiento de marca, gestión de riesgos, innovación y competitividad. El cambio es significativo porque modifica la pregunta central. Antes se preguntaba cuánto costaba implementar determinadas iniciativas. Hoy se pregunta: ¿cuál es el costo de no hacerlo?
Para Centroamérica, Panamá y República Dominicana, esta conversación posee una dimensión especialmente relevante. Nuestra región se encuentra cada vez más integrada a cadenas globales de valor, mercados internacionales y fuentes de financiamiento que operan bajo estándares crecientemente sofisticados. Empresas exportadoras, instituciones financieras, compañías de infraestructura, organizaciones vinculadas al comercio internacional y a grupos empresariales regionales ya perciben señales claras de esta transición.
Con frecuencia, las transformaciones globales tardan años en llegar plenamente a nuestros mercados. Esta no parece ser una de ellas. Las expectativas de clientes, proveedores, inversionistas y organismos multilaterales evolucionan con rapidez. Las organizaciones que logren anticiparse tendrán una ventaja competitiva considerable. Las que esperen a que los cambios sean obligatorios probablemente enfrentarán costos de adaptación mayores y menos espacio para diferenciarse. Existe además un factor adicional que acelera esta transformación: la tecnología.
El sector financiero ya reconoce que la inteligencia artificial, la analítica avanzada y las plataformas basadas en datos están cambiando radicalmente la forma de tomar decisiones. Lo mismo está sucediendo con los sistemas de medición de sostenibilidad. Variables que anteriormente eran difíciles de cuantificar comienzan a convertirse en indicadores comparables y accionables. La brecha entre organizaciones capaces de medir adecuadamente y aquellas que operan con información fragmentada será cada vez más visible.
La circularidad de la eficiencia
En este escenario emerge una de las oportunidades estratégicas más relevantes para los próximos años: la economía circular. Desafortunadamente, todavía existe la percepción de que circularidad es sinónimo de reciclaje. Esa interpretación resulta reducida y limita enormemente su potencial. La economía circular es, ante todo, una estrategia para conservar y maximizar valor. La lógica es simple. En lugar de asumir que los recursos se extraen, utilizan y descartan, la circularidad propone mantener materiales, productos y activos en los niveles más altos de utilidad durante el mayor tiempo posible. Esto implica rediseñar procesos, extender la vida útil de activos, reducir desperdicios, optimizar la utilización de recursos y desarrollar nuevas formas de colaboración dentro de las cadenas de valor.
Cuando el Informe sobre la Brecha de Circularidad identifica las principales fuentes de pérdida de valor, encontramos categorías totalmente vinculadas a la gestión empresarial: pérdidas energéticas, residuos al final de la vida útil, desperdicio de alimentos, ineficiencias de procesamiento y deterioro prematuro de activos. Todas representan oportunidades concretas para mejorar desempeño financiero y resiliencia operativa.
Este cambio de perspectiva resulta fundamental porque transforma la narrativa. La sostenibilidad deja de presentarse como una obligación externa para convertirse en una herramienta de productividad y creación de valor. La conversación ya no gira únicamente alrededor de impactos ambientales. Comienza a centrarse en eficiencia, competitividad, resiliencia y crecimiento.
Prioridades del 2027 para la alta dirección
A medida que nos acercamos a 2027, en las mesas de liderazgo empresariales consideramos que existen cinco prioridades que deberían formar parte de la agenda de cualquier junta directiva y equipo ejecutivo:
- La primera consiste en identificar dónde se destruye valor dentro de la organización. La mayoría de las empresas monitorea cuidadosamente ingresos, costos y márgenes. Muy pocas analizan con igual profundidad pérdidas derivadas de activos subutilizados, desperdicio de recursos o ineficiencias operativas persistentes.
- La segunda es integrar sostenibilidad y estrategia financiera. Mientras ambos ámbitos se gestionen por separado, las organizaciones seguirán perdiendo oportunidades para tomar decisiones más completas y generar ventajas competitivas sostenibles.
- La tercera prioridad es fortalecer los sistemas de información. Los datos se están convirtiendo en la principal infraestructura estratégica del entorno empresarial contemporáneo. Sin información confiable será imposible responder a las exigencias futuras del mercado.
- La cuarta es revisar los modelos de negocio desde una perspectiva de conservación de valor. Las empresas que logren extender la utilidad de activos, optimizar recursos y fortalecer resiliencia tendrán ventajas significativas frente a competidores menos preparados.
- La quinta consiste en desarrollar una cultura organizacional orientada a la adaptación continua. Ninguna organización puede anticipar con precisión todos los cambios que ocurrirán durante los próximos años. Sin embargo, sí puede construir capacidades que le permitan responder con mayor velocidad y efectividad.
Al observar el panorama completo, resulta evidente que la importancia de 2027 no radica exclusivamente en la aparición de nuevos marcos regulatorios o estándares de reporte. Lo verdaderamente trascendente es que estamos presenciando una redefinición del concepto de valor empresarial. Durante décadas, sostenibilidad y finanzas se desarrollaron como conversaciones paralelas. Hoy ambas comienzan a fusionarse.
Las organizaciones que liderarán la próxima década serán aquellas capaces de conectar estrategia, tecnología, sostenibilidad y capital en una misma visión empresarial. Serán empresas que entiendan que proteger valor, fortalecer resiliencia, optimizar recursos y mejorar su capacidad de adaptación no constituye un costo adicional, sino un requisito para competir.
Tal vez esa sea la mayor lección de este momento histórico. La sostenibilidad no está entrando a los estados financieros ni por razones ideológicas ni por tendencias pasajeras. Está entrando porque ayuda a explicar riesgos, oportunidades y fuentes de valor que los modelos tradicionales ya no pueden ignorar. Y cuando los mercados comienzan a medir algo, ese algo deja de ser opcional. Ese será, probablemente, el verdadero significado de 2027.
*El autor es socio Director de Centroamérica, Panamá y República Dominicana, y Araceli Cardozo, socia Líder de Auditoría y Assurance para la misma región, ambos para Deloitte.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.





















