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Enrique Crespo y Juan Pablo Morataya afirmaron que la Semana de la Sostenibilidad 2026 marca un nuevo rumbo
Enrique Crespo y Juan Pablo Morataya afirmaron, en entrevistas exclusivas con Estrategia & Negocios, que las empresas deben integrar la sostenibilidad al liderazgo, la inversión y la gestión de riesgos. La Semana de la Sostenibilidad 2026 cerró este viernes en Guatemala tras llevar la conversación a empresarios, jóvenes, ciudadanos y regiones fuera de la capital.
Claves de la nota
- La Semana de la Sostenibilidad 2026 se desarrolló del 2 al 7 de agosto bajo el concepto de Sostenibilidad en Movimiento.
- CentraRSE proyectó alcanzar a más de 6.000 personas mediante cinco plataformas diferentes en el evento.
- Un encuentro central reunió a cerca de 400 empresarios y líderes para discutir la estrategia corporativa.
Por: Velia Jaramillo — Estrategia & Negocios
La sostenibilidad debe dejar de operar como una agenda paralela y ocupar un lugar en la mesa donde las empresas definen inversiones, gestionan riesgos y toman decisiones de largo plazo.
Ese es el principal mensaje que dejó la Semana de la Sostenibilidad 2026, organizada por el Centro para la Acción de la Responsabilidad Social Empresarial en Guatemala (CentraRSE), al concluir este viernes después de seis días de actividades.
En entrevistas exclusivas con Estrategia & Negocios, Enrique Crespo, presidente del Foro Iberoamericano de Negocios Responsables, y Juan Pablo Morataya, director ejecutivo de CentraRSE, coincidieron en que la sostenibilidad evolucionó desde la responsabilidad social empresarial hacia una capacidad de gestión vinculada con competitividad, resiliencia, reputación y ciudadanía corporativa.
“Estoy convencido de que tenemos la obligación y la responsabilidad de evolucionar el concepto de sostenibilidad, considerado integralmente como una herramienta y capacidad de liderazgo para elevar el nivel de las decisiones empresariales”, afirmó Crespo.
Para el empresario, quien es también CEO de CMI Capital, esa transformación requiere incorporar la sostenibilidad a la cultura de liderazgo y aplicar tres criterios a las decisiones: compatibilizar el largo y el corto plazo, anticipar los riesgos de una inversión en lugar de reaccionar cuando se materialicen y evaluar el impacto sobre todo el ecosistema de la organización.
Ese ecosistema, precisó, comprende clientes, consumidores, colaboradores, proveedores, comunidades, gobiernos y los países donde las compañías operan e invierten.

De un foro empresarial a una conversación de país
La Semana de la Sostenibilidad se desarrolló del 2 al 7 de agosto bajo el concepto “SOStenibilidad en Movimiento”. La iniciativa amplió el alcance del Foro Iberoamericano de Negocios Responsables, que tiene como antecedente 18 años de realización del Foro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial.
La edición de 2026 transformó el encuentro de alto nivel en una agenda dirigida a distintos públicos. Comenzó en la Plaza Obelisco de Ciudad de Guatemala, dentro de Pasos y Pedales, con una actividad abierta a familias y ciudadanos. Continuó con espacios empresariales, académicos y sectoriales, un encuentro de alta dirección, el Summit de Inversión y Finanzas Sostenibles y jornadas departamentales en Quetzaltenango y la Costa Sur.
CentraRSE había proyectado alcanzar a más de 6.000 personas mediante cinco plataformas. Entre los participantes figuraron líderes empresariales, inversionistas, expertos nacionales e internacionales, autoridades, representantes de organismos multilaterales, ejecutivos, estudiantes y ciudadanos.
Uno de los encuentros centrales reunió a cerca de 400 empresarios y líderes para discutir cómo llevar la agenda de sostenibilidad a los niveles donde se define la estrategia corporativa.
“El propósito de este evento, con este foco de Sostenibilidad en Movimiento, es alcanzar a más públicos”, explicó Morataya a E&N. “Tradicionalmente habíamos hecho los foros iberoamericanos que tenían a los empresarios como el grupo objetivo. En esta Semana de la Sostenibilidad estamos abordando a los jóvenes en las universidades, a los ciudadanos, a ejecutivos y también estamos llegando al interior del país”.
La expansión territorial y de audiencias respondió, según el ejecutivo, a la necesidad de trasladar el concepto “del discurso a la acción” y de construir un punto de encuentro para conversaciones que no siempre encuentran espacio entre los sectores.
Sostenibilidad como criterio de inversión
La agenda de la semana puso el foco en la relación entre sostenibilidad y resultados empresariales. Las jornadas abordaron gestión de riesgos, innovación, reputación, acceso a capital, finanzas sostenibles y creación de valor, con un mensaje común: los criterios ambientales, sociales y de gobernanza ya influyen en la capacidad de competir.
Morataya explicó que CentraRSE lleva tres años construyendo este enfoque a partir del seguimiento de marcos regulatorios, movimientos del mercado de capitales y estrategias empresariales basadas en la doble materialidad, un principio que analiza tanto el efecto de los factores ambientales y sociales sobre una compañía como el impacto de la compañía sobre su entorno.
“Hemos encontrado que el vínculo entre las empresas que son más sostenibles es que son, a la vez, más competitivas, porque tienen tableros de gestión de riesgo y porque previenen en lugar de ser reactivas”, sostuvo.
Según el director ejecutivo de CentraRSE, las estrategias de sostenibilidad pueden hacer que las empresas sean “hasta 80 % más resilientes” frente a impactos sociales o ambientales. También vinculó su adopción con una menor rotación de personal, eficiencias energéticas y un mejor aprovechamiento de herramientas de economía circular.
La cifra corresponde a la valoración expuesta por Morataya durante la entrevista. Su argumento central es que esos beneficios solo se consolidan cuando la sostenibilidad funciona como “columna vertebral del modelo de negocio” y no como una estrategia independiente.
“Para eso necesitamos liderazgos conscientes, liderazgos activos y que la agenda de sostenibilidad esté en la mesa de los tomadores de decisión”, añadió.

Reputación e inteligencia artificial elevan la exigencia
Crespo situó el desafío en un entorno empresarial marcado por consumidores mejor informados, mayor transparencia y una fiscalización creciente. A su juicio, la inteligencia artificial no solo está cambiando la manera de hacer negocios, sino también la forma en que las personas buscan información y construyen percepciones sobre las organizaciones.
El presidente del Foro Iberoamericano se refirió a la “reputación algorítmica” como un riesgo emergente: las decisiones corporativas pueden ser conocidas, procesadas y evaluadas con mayor velocidad en entornos digitales mediados por algoritmos.
“Debemos hacer uso de la tecnología y de la inteligencia artificial como herramientas de competitividad, pero también tomar en cuenta que la esencia de nuestra gestión tiene que ver con hacer las cosas correctamente”, señaló.
Para Crespo, una decisión que favorece a la empresa en perjuicio de la comunidad, o que produce un beneficio inmediato y deteriora el negocio en el largo plazo, no puede considerarse una buena decisión empresarial. La sostenibilidad, desde esa perspectiva, funciona como un marco para incorporar más variables antes de asignar capital o ejecutar una estrategia.
Las empresas frente a una agenda compartida
Morataya añadió otra dimensión al cierre de la semana: la expectativa de que las compañías ejerzan una ciudadanía corporativa activa. Esto implica que los máximos líderes empresariales participen en las conversaciones económicas y sociales, fortalezcan la institucionalidad y construyan alianzas con el sector público y la sociedad civil.
“No puede haber agendas diferenciadas entre sector público, empresas y sociedad civil. Tenemos una gran agenda donde construir y en la que cada uno debe saber el rol que le corresponde”, declaró.
El desafío para las organizaciones, agregó, consiste en establecer diálogos de doble vía con sus grupos de interés y desarrollar mecanismos de gobernanza que permitan construir prioridades compartidas.
La Semana de la Sostenibilidad cerró así con una definición más exigente del papel empresarial. Ya no se trata únicamente de reportar iniciativas ambientales o sociales, sino de demostrar cómo esos criterios modifican la asignación de recursos, la prevención de riesgos, las relaciones con los grupos de interés y la capacidad de crear valor en el tiempo.
Después de llevar la conversación desde la alta dirección hasta universidades, espacios ciudadanos y departamentos fuera de la capital, el reto que queda para las empresas de Guatemala y Centroamérica es convertir esa participación en decisiones verificables.
La agenda, coincidieron Crespo y Morataya, tendrá impacto en la competitividad solo si pasa de los equipos especializados al núcleo del liderazgo corporativo.














