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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
Un sismo de magnitud 7,7 golpeó Panamá el 9 de octubre, provocando daños en edificios e instalaciones de salud y dejando 27 personas lesionadas, según el informe inicial de la Organización Panamericana de la Salud.
Claves de la nota
- Un sismo de magnitud 7,7 golpeó Panamá el 9 de octubre, dejando 27 personas lesionadas.
- La tecnología InSAR compara imágenes de radar para rastrear movimientos de la superficie terrestre.
- El puente Carola en Dresde colapsó parcialmente en 2024 tras un desplazamiento de 40 milímetros.
El Gobierno declaró el estado de emergencia nacional mientras continuaban las evaluaciones de daños.
Pero Panamá no es el único país de la región que ha enfrentado una emergencia sísmica en los últimos meses.
En Venezuela, el 24 de junio, dos sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el norte del país con apenas minutos de diferencia, antes de que la población pudiera reaccionar al primero.
En Colombia, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el país el 10 de agosto de 2026 y se sintió en 16 departamentos.
Las autoridades reportaron afectaciones en 12, con impactos en zonas como Chocó, Risaralda, Caldas, Quindío, Cauca y Valle del Cauca.
Cómo la tecnología satelital detecta movimientos sísmicos
La tecnología satelital abre una posibilidad crucial para la preparación ante terremotos, permitiendo observar cómo se transforma la superficie terrestre incluso antes de que un sismo ocurra. Los radares desde la órbita son capaces de captar desplazamientos de apenas unos milímetros, comparando el terreno mes tras mes y año tras año.
Un terremoto no avisa.
Pero antes de que la tierra tiemble, las ciudades ya han empezado a moverse: milímetro a milímetro, en silencio, mucho antes de que nadie lo note.
Desde la órbita, radares capaces de captar desplazamientos de apenas unos milímetros comparan el terreno mes tras mes, año tras año, hasta que un patrón empieza a dibujarse: una zona que se hunde, un punto que se deforma de manera sostenida.
Una señal de que algo, debajo de la superficie, está cambiando.
En Venezuela, mientras el país contaba los daños, otros equipos miraban hacia arriba: la NASA cruzó imágenes de radar de antes y después para reconstruir, milímetro a milímetro, cómo se había movido la tierra alrededor de Caracas y La Guaira.
La Agencia Espacial Europea, con su satélite Sentinel-1, encontró algo mayor: desplazamientos verticales de hasta 65 centímetros.
Esas imágenes, sin embargo, no sirven solo para contar lo que ya pasó.
Sirven, sobre todo, para anticipar lo que todavía no ha pasado.
InSAR: la herramienta clave para el monitoreo terrestre
La herramienta clave para el monitoreo terrestre es InSAR, o radar interferométrico de apertura sintética. Este sistema compara imágenes de radar tomadas en distintos momentos para rastrear el movimiento de la superficie terrestre, permitiendo a las autoridades responder preguntas críticas sobre el impacto de un sismo sin enviar equipos a cada rincón.
Del mapa del desastre al mapa del riesgo. Cuando ocurre una emergencia, la primera pregunta de las autoridades casi nunca es “qué pasó”, sino “hacia dónde correr primero”. ¿Qué carreteras quedaron intransitables? ¿Qué zonas se movieron más? ¿Qué edificios hay que revisar con urgencia? ¿Dónde es probable que haya deslizamientos? Ahí es donde entra la tecnología satelital, pues permite responder esas preguntas sin mandar equipos a cada rincón de una ciudad.
Su herramienta más útil es InSAR, que significa radar interferométrico de apertura sintética.
El sistema es capaz de comparar imágenes de radar tomadas en momentos distintos y rastrear, casi fotograma a fotograma, cómo se ha movido la superficie terrestre.
Ni siquiera las nubes lo detienen: donde los sensores ópticos pierden la vista, el radar sigue viendo, y además puede cubrir extensiones enormes de terreno en una sola pasada.
Pero, según quienes trabajan con esta tecnología, su potencial también está en identificar cambios antes de que se conviertan en problemas mayores.
El Dr. Ben Conway-Jones, especialista en InSAR de CATALYST, explica que analizar varios años de imágenes satelitales permite distinguir los movimientos estacionales normales de aquellos que podrían indicar una anomalía. “Al observar las tendencias durante varios años, podemos determinar qué movimientos estacionales son normales y cuáles resultan inesperados”, señala.
“Al observar las tendencias durante varios años, podemos determinar qué movimientos estacionales son normales y cuáles resultan inesperados”
El procesamiento también busca aceleraciones y zonas que se mueven de manera diferente a su entorno.
Anticipando fallas estructurales con observación satelital
La observación satelital permite anticipar fallas estructurales sin instalar sensores en cada edificación, utilizando archivos históricos de radar para reconstruir el comportamiento de una zona años antes de un problema. Este enfoque es crucial para priorizar inspecciones en ciudades con miles de estructuras.
Lo que un satélite ve antes de que una estructura falle. Una ventaja de este enfoque es que no requiere instalar sensores en cada estructura que se quiere vigilar: basta con mirar hacia atrás.
Los archivos históricos de radar funcionan casi como una máquina del tiempo, capaz de reconstruir el comportamiento de una zona años antes de que algo salga mal.
Así lo hizo CATALYST con el puente Carola, en Dresde, Alemania, que colapsó parcialmente en septiembre de 2024.
Al revisar imágenes Sentinel-1 de 2021 a 2024, la compañía encontró que el punto exacto donde luego cedió el puente ya venía moviéndose: un desplazamiento acumulado de más de 40 milímetros hacia el este.
Cuando separaron ese movimiento de las variaciones estacionales normales, quedó claro que el comportamiento del puente no se parecía al de las estructuras vecinas: era, en sus propios términos, anómalo.
Para distinguir una anomalía de un movimiento estacional, el análisis no se limita a una imagen aislada.
Las series históricas permiten identificar qué desplazamientos son habituales y cuáles presentan diferencias frente a las estructuras cercanas. “Nuestro flujo de procesamiento busca, por lo general, aceleraciones y regiones que se mueven de manera diferente a su entorno”, explica Conway-Jones.
Este enfoque ayuda a priorizar las inspecciones, aunque no reemplaza la evaluación de ingeniería ni permite determinar por sí solo la causa del movimiento.
El satélite, en este caso, no detectó directamente la corrosión que estaba deteriorando los elementos internos del puente.
Detectó algo diferente: el movimiento que esa degradación estaba provocando en la estructura.
Esa distinción es importante.
La observación satelital no sustituye una inspección de ingeniería.
Puede, sin embargo, ayudar a determinar dónde vale la pena realizarla primero.
Para una ciudad con miles de edificios, puentes, carreteras y otras estructuras, esa capacidad de priorización puede ser más importante que intentar inspeccionarlo todo con la misma frecuencia.
El terreno también revela señales de riesgo
Además de la infraestructura, los movimientos del terreno son cruciales para identificar zonas susceptibles a deslizamientos, asentamientos o deformaciones que podrían afectar carreteras y edificios, proporcionando una visión integral del riesgo. La tecnología satelital permite monitorear estas variaciones y anticipar problemas mayores.
La infraestructura no es el único elemento que puede vigilarse.
Los movimientos del terreno pueden ser relevantes para identificar zonas susceptibles a deslizamientos, asentamientos o deformaciones que podrían afectar carreteras, edificios y otras instalaciones.
En Niscemi, Sicilia, por ejemplo, CATALYST analizó datos InSAR alrededor de un deslizamiento ocurrido en enero de 2026.
El movimiento provocó la evacuación de más de 1





















