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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
En las empresas más exitosas, laadaptabilidadse ha vuelto una cuestión de supervivencia y, cada vez más, la principal fuente de ventaja competitiva.
Ya he resaltado que, para las personas, la capacidad de adaptarse terminará pesando más que el conocimiento acumulado. Esto aplica tanto para emprendedores como para las grandes empresas y el mercado laboral.
Martin Reeves y Mike Deimler, del Boston Consulting Group, lo advirtieron enHarvard Business Reviewdesde 2011: la estrategia tradicional daba por sentado un mundo estable y predecible, y ese mundo se acabó.
Los datos que citaron siguen siendo elocuentes. Desde 1980, la volatilidad de los márgenes operativos de las empresas se ha más que duplicado, y el porcentaje de compañías que caen fuera de los tres primeros lugares de su industria pasó de 2% en 1960 a 14% en 2008.
La ventaja hoy pertenece a quienes aprenden a hacer cosas nuevas más rápido que sus competidores.
Para un emprendedor, la implicación es incómoda: el plan a cinco años, ese documento que tanto tranquiliza a los inversionistas, se vuelve casi decorativo cuando el terreno se mueve cada trimestre.
El mercado de talento ya lo refleja. Un estudio de IBM de 2019, con más de 5.600 ejecutivos en 48 países, estimó que hasta 120 millones de trabajadores en las 12 economías más grandes del mundo necesitarían re-entrenarse en 3 años por la automatización.
Al calificar las habilidades que más buscan en su gente, los ejecutivos pusieron en primer lugar la disposición a ser flexibles, ágiles y adaptables al cambio, por encima de capacidades técnicas que dominaban pocos años antes.
Conviene subrayar algo: tanto el estudio del BCG como el de IBM son anteriores a la aparición de ChatGPT en 2022 y a la evolución vertiginosa de los modelos de lenguaje que vino después.
Si ya entonces la adaptabilidad encabezaba la lista, hoy la urgencia es mayor.
En 2010 fundé una empresa dedicada a automatizar procesos administrativos para el sector salud en Estados Unidos, y desde entonces vi de primera mano cómo la automatización obligaría a muchas personas a re-entrenarse y a moverse hacia tareas con menor riesgo de ser reemplazadas.
Aquella era apenas la marejada inicial. Lo que vivimos hoy con los modelos de lenguaje es el tramo más veloz de la ola, el que revuelca a quien lo recibe sin preparación.Esa ola no se detiene, así que la única salida sensata es aprender a surfearla: remar a tiempo y convertir su fuerza en impulso.
Qué significa ser adaptable
Vale la pena detenernos para analizar qué significa de verdad ser adaptable, porque el término se ha vuelto tan popular que corre el riesgo de no significar nada.
La evidencia académica ayuda a aterrizarlo. Elaine Pulakos y sus colegas publicaron en elJournal of Applied Psychology,en el año 2000, una taxonomía de ocho dimensiones del desempeño adaptativo, validada en dos docenas de oficios.
Definieron la adaptabilidad como la destreza para modificar la conducta ante situaciones nuevas, y mostraron que se puede medir.
La dimensión más exigente, y la más valiosa hoy, es resolver problemas no estructurados: los que llegan sin manual ni respuesta al final del libro. La inversionistaNatalie Frattosumó una pieza clave a esta conversación en su charla TED de 2019. Al decidir a qué fundador respaldar, busca señales de adaptabilidad: si la persona se pregunta “¿y si…?”, si desaprende lo que creía saber y si prefiere explorar antes que quedarse en lo conocido.
Yo hago algo parecido cuando evalúo oportunidades enShark Tank Guatemala, además de los números me interesa qué tan adaptable es la persona que tengo enfrente.
Por eso me gusta lanzar “curvas”: preguntas que obligan a considerar escenarios que no tenía preparados, para ver si se aferra a su guión o si piensa en voz alta y ajusta el rumbo.
He notado en muchos emprendedores que lo más difícil de un giro estratégico rara vez está en aprender lo nuevo; está en soltar la idea anterior, sobre todo cuando fue la que los trajo hasta donde están.
El apego a lo que ya funcionó, el famoso costo hundido, destruye más valor del que solemos admitir. Nada de esto pasaría de buena filosofía si no se tradujera en resultados.
McKinsey estudió en 2021 un número amplio de transformaciones ágiles y encontró que las más exitosas tienen mejoras cercanas al 30% en eficiencia y desempeño operativo, además de acelerar la toma de decisiones entre cinco y 10 veces.
La adaptabilidad, bien construida, tiene retorno. La buena noticia: se puede desarrollar.
Algunos hábitos ayudan: ensayar preguntas de “¿y si…?” frente a cada plan, revisar de tanto en tanto qué creencias o procesos conviene desaprender, y alimentar la curiosidad conversando en lugar de correr por la respuesta inmediata, que según la educadora Penny Locaso vuelve perezoso al cerebro.
En lo organizacional, la palanca es otra.Ross Thornley,de la firma AQai, propone entender la adaptabilidad como la suma de tres factores:la habilidad de la persona, su carácter y el entorno en que trabaja.
Los dos primeros viven dentro de cada quien; el tercero es responsabilidad directa de quien dirige. Un equipo lleno de gente capaz se paraliza si lo rodea una cultura que castiga cada error y vigila cada movimiento.
El trabajo del líder es diseñar un entorno donde experimentar sea seguro y equivocarse a tiempo sea parte del oficio. Esto conecta con algo que he defendido siempre.La adaptabilidad no se decreta desde arriba con un memorándum. Florece en organizaciones descentralizadas, donde las personas tienen libertad real para probar y, al mismo tiempo, responsabilidad genuina por lo que prueban.
La libertad sin responsabilidad produce caos; la responsabilidad sin libertad produce parálisis.
Las dos juntas producen empresas que aprenden. Durante décadas premiamos a quien llegaba con el mejor plan. Los próximos años premiarán a quien sepa rehacerlo sin miedo cuando la realidad lo contradiga.Un buen plan se le puede encargar a un consultor. La capacidad de cambiarlo a tiempo, no



















