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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
Cadenas de suministro centroamericanas bajo presión
En medio de una tormenta geopolítica que ha disparado los precios de los hidrocarburos a nivel mundial, Centroamérica se enfrenta a un desafío crucial: la presión inflacionaria y la necesidad de reconfigurar sus cadenas de suministro. La guerra en el estrecho de Ormuz y la nueva geopolítica impulsada por Estados Unidos han colocado al sector energético mundial en un terreno de alta volatilidad.
Claves de la nota
- El Brent superó los 110 dólares por barril, con un alza cercana al 60% en meses.
- Cada aumento del 10% en el precio del petróleo añade 0.4% a los precios al consumidor.
- La región posee un potencial renovable excepcional en hidroeléctrica, eólica, biomasa y solar.
Para Centroamérica, región dependiente de las importaciones de hidrocarburos, el impacto es inmediato: precios elevados, presión inflacionaria y la urgencia de acelerar la transición hacia energías limpias. “Los intereses que se desarrollan en una guerra siempre observan objetivos estratégicos desde la posición en la que se tome parte”, señala Víctor Hugo Juárez, CEO y socio fundador de Edge Innovation, firma de consultoría en México y Centroamérica, en el sector energético.
El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán —donde transita una quinta parte del consumo mundial de petróleo— ha disparado los precios del crudo y tensionado las cadenas de suministro globales. Uno de los escenarios es la reducción de la oferta de petróleo y sus derivados, lo que hace que el costo del barril del hidrocarburo se encarezca; esto favorece en cierta medida a los productores de petróleo ya que les genera más ganancias por ventas.
En cuestión de días, el Brent superó 110 dólares por barril, mientras el gas natural europeo se encareció un 8%. Juárez advierte que cada recrudecimiento del conflicto reproduce el mismo patrón: escasez, alza de precios y nerviosismo en los mercados.
México y Guatemala, como productores, obtienen ingresos adicionales por sus exportaciones, pero también enfrentan combustibles más caros en su mercado interno. Para el resto de Centroamérica, la dependencia de importaciones se traduce en un golpe directo a sus economías. De acuerdo con el fundador de la consultora, un conflicto prolongado entre Estados Unidos e Irán podría agravar las actuales presiones en el mercado mundial. Y cada aumento del 10% en el precio del petróleo añade alrededor de 0.4% a los precios al consumidor para el año siguiente.
Empresas en modo resiliencia
La región depende del petróleo importado, con Guatemala como único productor relevante. La cercanía con México, Brasil y Venezuela mitiga riesgos de abasto, pero no de precios. El encarecimiento de insumos obliga a las compañías centroamericanas a rediseñar sus cadenas de suministro.
Algunas sustituyen fertilizantes petroquímicos por alternativas orgánicas; otras recurren al nearshoring para acortar distancias y reducir costos. La estrategia también incluye consolidación de carga, trayectos más cortos y la incorporación de vehículos eléctricos o híbridos. En paralelo, algunas industrias optan por el autoconsumo energético mediante plantas propias, reduciendo costos y huella de carbono.
La transición energética avanza, con proyectos fotovoltaicos en Guatemala y Honduras; parques eólicos en Panamá y Nicaragua, y regulaciones para paneles solares en El Salvador y Costa Rica. Sin embargo, la vulnerabilidad climática y la falta de financiamiento siguen siendo barreras críticas. “Las empresas empiezan a voltear hacia las energías renovables, donde Centroamérica cuenta con una matriz importante”, afirma Juárez.
En este sentido, Costa Rica, Honduras y Panamá destacan por su capacidad hidroeléctrica y eólica, mientras que la cogeneración fotovoltaica y el hidrógeno verde emergen como opciones más baratas y sostenibles. La región en general posee un potencial renovable excepcional: hidroeléctrico en Costa Rica, eólico en Nicaragua, biomasa en Guatemala, solar en Honduras y Panamá.
Sin embargo, los avances son desiguales y enfrentan obstáculos estructurales: baja inversión, financiamiento insuficiente y redes de transmisión obsoletas. “El sistema eléctrico presenta un gran cuello de botella al carecer de suficiente infraestructura de almacenamiento masivo con baterías”, explica Juárez. Sin flexibilidad, la inyección de energía renovable puede derivar en apagones y desperdicios.
Escalada de precios: del barril al consumidor
El barril pasó de 57 dólares en enero a superar los 100 dólares en septiembre, un salto cercano al 60%. Los derivados —gasolinas, diésel, plásticos, fertilizantes— registran incrementos de entre 20% y 25%. De acuerdo con el fundador de Edge y consultor en el sector de combustibles, la consecuencia de estas alzas es doble: pérdida de competitividad y presión sobre los consumidores. “Las empresas pierden competitividad porque la elasticidad de la demanda en la región es elevada. El consumidor deja de comprar o busca sustitutos”.
El alza de combustibles encarece el traslado de mercancías y eleva los costos de producción. Subsidios y estímulos fiscales ayudan a contener la inflación, pero no resuelven el problema de fondo: la dependencia de combustibles fósiles.
Juárez advierte que “muchas empresas podrían terminar cerrando o trasladando su producción a lugares mucho más asequibles”, y señala el riesgo para las micro y pequeñas empresas que carecen de capacidad de inversión.
Políticas urgentes para la región
El experto enfatiza que la región necesita políticas energéticas que reduzcan precios, amplíen cobertura y fomenten economías circulares. Incentivos fiscales, desgravaciones y subsidios temporales son claves para atraer inversión privada. “Facilitar la cogeneración y abatir el rezago en redes de transmisión obsoletas es fundamental para garantizar fiabilidad y flexibilidad en la interconexión regional”, subraya.
Para el consultor, Centroamérica enfrenta una disyuntiva histórica: acelerar la transición energética y aprovechar su potencial renovable, o quedar atrapada en la volatilidad de los precios internacionales. La guerra en Ormuz ha demostrado que la dependencia de combustibles fósiles expone a la región a crisis recurrentes. El reto es monumental, pero también lo es la oportunidad.
Víctor Hugo Juárez estima que con políticas claras, inversión privada y co





















