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Voz generada con inteligencia artificial por ElevenLabs. El texto es de la redacción de Finanzas y Negocios.
La presión sobre el presupuesto de los hogares continúa condicionando las decisiones de consumo en Centroamérica y el Caribe. Sin embargo, el contexto económico no ha desplazado una prioridad que cada vez adquiere mayor peso: el bienestar y la salud.
Claves de la nota
- El 60% de los consumidores centroamericanos considera mantener un buen nivel de bienestar físico.
- Las categorías de autocuidado y bienestar crecen un 12% interanual en América Latina.
- El conocimiento sobre medicamentos GLP-1 aumentó un 43% en Centroamérica y el Caribe.
El estudio El efecto salud 2026, elaborado por Worldpanel by Numerator, evidencia que los consumidores están reorganizando sus gastos para incorporar productos y categorías vinculados con la prevención y el autocuidado.
Presión económica y decisiones de consumo
El análisis de Worldpanel by Numerator revela que el porcentaje de hogares “Managing”, que administran sus finanzas, disminuyó de 45 % a 42 % en el último año, mientras los hogares “Struggling”, con mayores dificultades, aumentaron de 28 % a 32 %. Esta situación económica ejerce una presión constante sobre las decisiones de consumo en la región.
De acuerdo con el análisis, el porcentaje de hogares que consigue administrar sus finanzas, identificado como segmento “Managing”, pasó de 45 % a 42 % durante el último año. En contraste, los hogares que enfrentan mayores dificultades económicas, clasificados como “Struggling”, aumentaron de 28 % a 32 %.
La salud y el bienestar como factor cotidiano de compra
A pesar de la presión financiera, el 60 % de los consumidores en Centroamérica y el Caribe considera mantener un buen nivel de bienestar físico, transformando la salud de una aspiración a largo plazo en un criterio diario al elegir productos y marcas. Esta tendencia redefine las prioridades de gasto en los hogares.
Pese a esta presión financiera, el 60 % de los consumidores de la región considera que mantiene un buen nivel de bienestar físico. Para Sofía Molnar, de Worldpanel by Numerator, la salud dejó de ser una aspiración de largo plazo para convertirse en un factor cotidiano al momento de elegir productos y marcas.
“Estamos viendo un cambio importante en la forma en que los hogares toman decisiones. La salud ya no es una meta futura, sino un criterio cotidiano de compra”
señala Molnar.
Crecimiento de categorías de prevención y autocuidado
Esta transformación también está impulsando las categorías relacionadas con prevención y autocuidado. En América Latina, los llamados Health Actives, consumidores que incorporan de forma constante hábitos saludables, representan el 38 % de los hogares.
Mientras tanto, las categorías de autocuidado y bienestar concentran el 19 % del gasto en consumo masivo, aunque registran el mayor dinamismo, con un crecimiento de 12 % interanual.
Impacto de los medicamentos GLP-1 y cambios en alimentación
El conocimiento sobre los medicamentos GLP-1 está modificando los patrones de consumo en Centroamérica y el Caribe, donde el porcentaje de consumidores informados sobre estos tratamientos creció de 14 % en 2025 a 20 % en 2026, un incremento cercano al 43 %. Este fenómeno influye en las decisiones de compra relacionadas con la salud.
Otro fenómeno que comienza a modificar los patrones de consumo es el mayor conocimiento sobre los medicamentos GLP-1. En Centroamérica y el Caribe, el porcentaje de consumidores que conoce estos tratamientos pasó de 14 % en 2025 a 20 % en 2026, un incremento cercano a 43 %.
Panamá encabeza la región con el 26 %, seguido por Costa Rica, con el 21 %, y Guatemala, con el 16 %.
Aunque su adopción todavía es limitada, el 4.9 % de los hogares centroamericanos cuenta con al menos un usuario actual de GLP-1 y el 8.4 % tiene algún exusuario. Además, el 3 % registra a una persona que probablemente iniciará un tratamiento.
Hábitos alimenticios y reducción de azúcar
La alimentación también refleja este cambio. Cuatro de cada 10 consumidores de Centroamérica y el Caribe buscan reducir su consumo de azúcar, mientras el 43 % mantiene hábitos tradicionales y el 5 % prefiere alternativas sin azúcar o bajas en calorías.
Así, la canasta de consumo no necesariamente se contrae, sino que se reorganiza. La prevención, el autocuidado y los productos funcionales ganan relevancia, incluso en un escenario de mayor cautela económica.





















